Las democracias de América Latina han logrado navegar, por primera vez en su historia, un ciclo de procesos electorales y alternancias de distintos signo. La travesía de estabilidad a nivel del régimen, que registra una andadura virtuosa con de más de tres décadas en su haber, no ha estado exenta de ciertos elementos nocivos que con diferentes intensidades reaparecen para mostrar su resistencia.
