Lava Jato es un escándalo importado de Brasil con múltiples efectos en el Perú, no solo entre los políticos implicados sino en el modelo económico mismo y la república que lo defiende.
Este sistema tiene dos polos: (a) un Estado ciertamente permisivo, por ratos coimero, facilitador de proyectos a cualquier costo, y (b) grandes empresas políticamente conectadas, que logran contratos gracias a que financian las campañas, hacen lobby y usan la puerta giratoria. Lo confirma el caso de las obras de Odebrecht y Chinchero.

