Alejandro Narváez Liceras (*)
El debate dejó una lección severa. No siempre el que más promete está más preparado, ni el que más grita tiene más país en la cabeza. Y el Perú, exhausto de improvisación y de gobernantes mediocres, ya no necesita candidatos que hablen bonito, necesita estadistas que entiendan por qué el presente sigue siendo una deuda social insoportable.
