Alejandra Dinegro Martinez
El Perú no necesita un conductor temerario ni un salvador. Necesita licencia. Es decir, institucionalidad. Necesita reglas claras que se respeten incluso cuando incomodan. Necesita previsibilidad. Porque una combi puede avanzar sin licencia durante un tiempo, pero cuando la precariedad se normaliza, el desenlace no es un simple tropiezo, sino un daño que puede resultar institucionalmente mortal.
