En el Perú solemos hablar de “los jóvenes” como si fueran un grupo uniforme, pero la realidad es mucho más compleja. El reciente estudio “Juventudes: asignatura pendiente”, elaborado por la Fundación Friedrich Ebert (FES) en 14 países de América Latina, incluido el Perú, revela algo que debería incomodar a cualquiera que esté pensando gobernar el país en 2026: el futuro de un joven peruano sigue dependiendo, en gran medida, de dónde nació, de cuánto gana su familia y de la calidad —o precariedad— de las instituciones que lo rodean.