En el plan LGT no hay oposición entre el Estado y el desarrollo de la economía de mercado. El Estado debe ser libre de captura por los grupos de poder económico y los ciudadanos deben ser libres de dominación social. Sin embargo, como no se puede concebir la libertad fuera del contexto de «relaciones e instituciones sociales», hay que partir del reconocimiento del carácter «políticamente no neutral de la vida social».
Archivo
Susana Chávez
La actual legislatura del Congreso de la República no ha traído nada bueno para la igualdad.
Primero fue el archivamiento del Proyecto de Ley de Alternancia, que hubiese terminado con la sacada de vuelta, que hacen todos los partidos políticos a la Ley de Cuotas; ahora con la inminente aprobación del Proyecto del Código del Niño y del Adolescente en la Comisión de la Mujer, contraria a los derechos humanos de las mujeres y a las urgencias de la salud pública, particularmente de la mortalidad materna.
Las denuncias de los últimos días sobre el espionaje a políticos de oposición no terminan de aclararse y ya tenemos varias versiones sobre las mismas. Han caído además en terreno abonado, luego de que también se denunciara el importante aumento del presupuesto de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI). Fernando Rospigliosi insiste en ellas y denuncia que todos son usados para encubrir a los denunciados.
Rodrigo Montoya Rojas
En el Perú existe una ley ya reglamentada que autoriza la consulta previa como derecho de los pueblos indígenas, frente a las empresas -que vienen de fuera y muy lejos- que invierten para explotar en sus territorios petróleo, gas, minas y hacer grandes carreteras.
Félix Jiménez(*)
La democracia republicana no puede ser compatible con el totalitarismo. La critica a la democracia y al Estado existentes en nuestro país -que se hace en el plan LGT-, descubre una crisis de efectividad o de legitimidad de esa democracia y de ese Estado; una distancia entre la «teoría y la praxis» que el neoliberalismo acentuó en las últimas décadas. Esta práctica de la impostura fue también la que finalmente provocó el derrumbe de los regímenes totalitarios que se reclamaban «gobierno de la clase obrera».
Nicolás Lynch
Vivimos en estos días uno de esos momentos altos en el espasmódico debate sobre la Universidad Peruana.
Una vez más el intercambio está mal planteado, no se trata de una ANR heroica que defiende la autonomía universitaria contra un anteproyecto malvado que busca intervenir las universidades, no.
El día viernes una decisión del Presidente Ollanta Humala, esperada durante muchos meses y que formó parte de la campaña presidencial, clausuró la actual agenda fujimorista: el indulto ha sido negado.
Esta decisión gubernamental, basada en el informe de la Comisión de Gracias Presidenciales, ha provocado respuestas agresivas y en algunos casos amenazantes por parte de los fujimoristas, a quienes parece no alegrarlos el hecho de que su líder se encuentre fuera de peligro respecto de su salud.
El miércoles último los limeños recibimos la visita de uno de los políticos más importantes de las últimas décadas, Luis Ignacio Lula da Silva.
La reunión en Palacio de Gobierno el lunes 3 de junio evidencia el tamaño que tiene la escena política peruana para el gobierno de Ollanta Humala. Estuvo reunida la derecha que se arropa con el proyecto neoliberal, no solo económico sabemos una vez más que también es político. Nadie de izquierda fue invitado, ni siquiera la alcaldesa de Lima Susana Villarán. Se llegó al colmo de invitar a Pedro Pablo Kuczynski que no tiene partido inscrito y excluir a Tierra y Libertad que si cuenta con esa formalidad legal, habrá valido el pasaporte norteamericano.
Ángel García Catala*
Hubo un tiempo en el que, para mí, Bagua era el Perú.
Trabajaba entonces en Londres, como monitor de libertad de expresión para América Latina (o algo así) en Index on Censorship. Perdido entre las modas y actualidades eurocéntricas, Perú no era más que Machu Pichu y unos simpáticos gorritos de lana. Una lejanía sin interés alguno.
