El gobierno de Pedro Pablo Kuczynski se enfrenta a un dilema decisivo: se alía con el fujimorismo, sacando a Fujimori de la cárcel cualquiera que sea la forma que ello tome, o encabeza un vasto movimiento democrático para enfrentar esta coyuntura de vacas flacas y amenazas autoritarias que ya habitan nuestra democracia. Lo primero es lo que aconseja la gobernabilidad neoliberal, lo que —diríamos— Kuczynski tiene en su ADN. Lo segundo, el rayito de luz que los demócratas quisiéramos ver al final del túnel.
