Boluarte en la cuerda floja

Por: 

Laura Arroyo G.

Hace unos días en Ayacucho vimos cómo la represión se ensañó con una región que ha sufrido tanto la violencia institucional y racista. Puno ha despedido a sus 17 asesinados en una procesión que destroza el corazón de cualquiera que la ve. Y el jueves pasado, Cusco despide a uno de sus líderes con el mismo dolor e impotencia.

Mientras estas despedidas se dan entre lágrimas y arengas que exigen que la responsable política de ellas renuncie de manera urgente, volvemos a oír el silencio absoluto de Boluarte. Lleva días sin pronunciar palabra. Cuatro días de silencio que se llena con los nombres de los 48 peruanos que ya no están con nosotros. Un silencio que además de una declaración de cobardía y de incapacidad para continuar en el cargo, evidencia que su gobierno, como comenté en este espacio desde el primer minuto y fui muy criticada por ello, siempre fue insostenible. Porque no es insostenible hoy tras 48 muertos -esa es la cúspide de la evidencia de la ingobernabilidad-, siempre fue insostenible porque eligió gobernar con los perdedores de 2021. Siempre fue insostenible porque cedió todo a los vacadores de la ultraderecha porque les debe la banda presidencial. Siempre fue insostenible porque aceptó el papel que le” tocaba” para gozar del favor de los poderes y, en suma, porque traicionó a los electores que hablaron fuerte y claro en 2021. 

Boluarte siempre fue una presidenta hipotecada y, por lo mismo, su debilidad era constitutiva. Con el pasar de los días sólo hemos ratificado esa primera intuición. Las FFAA y la PNP como su gran brazo ejecutor refrendan que este gobierno sólo puede sostenerse con las balas y eso quiere decir que no puede ser democrático, que no es legítimo y que definitivamente no se sostiene un día más.

Pero la debilidad de Boluarte se va haciendo patente también en la suma de espacios que por fin -tras semanas largas de deliberación absurda- empiezan uno a uno a bajarle el dedo. Desde Monseñor Barreto quien fue de los primeros en celebrar su juramentación, hasta representantes de ese “centro” o cierta academia hegemónica que seguían insistiendo en que Boluarte podía girar el timón incluso con 21 muertos en sus manos. No puede ni queriéndolo. No puede porque la única forma de sostener la presidencia es no haciéndolo. Solo puede seguir siendo presidenta a través de la represión como vía de seguir sosteniendo la articulación del COGOBIERNO que ella lidera porque eso es lo que es: un cogobierno entre las FFAA, la ultraderecha en el Congreso, el poder mediático y el poder económico. Y, por cierto, no saquemos de la ecuación el sostén que supone la participación de EEUU en toda esta arquitectura que busca sostener a Boluarte o, en última instancia, lo que ella ha logrado justificar: el golpe que ganó. El golpe de las élites. 

Pero tras su debilidad hay oportunidades. El Perú movilizado no piensa retroceder y aunque da miedo solo pensarlo, también da orgullo saberse de un país donde el protagonismo real es ese: el de un pueblo que no va a rendirse al exigir democracia. Boluarte ha perdido también a doce decanos del colegio de abogados, a tres gobiernos regionales como mínimo, al colegio de profesores y a ciertos periodistas que hasta antes de ayer hacían malabares discursivos para justificar su represión haciendo de la equidistancia una norma perversa. Pero saben que mañana eso puede costar muy caro, que deben seguir trabajando y que a lo mejor exigir su renuncia es menos costoso que justificar medio centenar de muertos. No les interesan las vidas -lo hemos comprobado durante semanas-, pero sí sus reputaciones. 

Esta situación precaria explica que Otárola haya salido con vocación incendiaria nuevamente en su última rueda de prensa. No solo no reconoce nada -para variar- sino que ratifica que Dina Boluarte no va a renunciar. Quienes nos dedicamos a la comunicación política sabemos qué significa esto y cómo lo calificaría Lakoff en el libro “No pienses en un elefante”. Si te esfuerzas por negar algo es porque en el fondo no lo estás negando tanto. Entras en el marco de la discusión por voluntad propia y revelas que en realidad el tema sí está sobre la mesa. Es como si caminando por la calle se te cruza alguien y te dice “no soy drogadicto”. Probablemente, lo primero que pienses es que tal vez sí lo es. Así juega la negación y más aún cuando es tan agresiva como Otárola la ha performado hoy. 

La cuenta atrás está ahí. Se siente. La debilidad está cercando a la dictadura. El cerco mediático también se está rompiendo. Y el eje de discusión se está desplazando hacia las únicas vías para iniciar un diálogo. Vías que, por cierto, dijeron desde el minuto UNO diversos y diversas dirigentes de las movilizaciones en sus inicios. Pero ningún medio de la gran prensa se dignó a oírlos siquiera. Ningún referente del análisis y la opinología les dio peso. Estaban más ocupados hablando de cómo Castillo era culpable de todo y de cómo tocaba apoyar a Boluarte pese a que su primer mensaje no daba ningún lugar a dudas. Su renuncia fue pedida desde el inicio, el cambio de la mesa directiva del Congreso para que no sea Williams quien lidere la transición, también. El adelanto electoral YA, lo mismo pese a que fue y sigue siendo una propuesta ridiculizada por los procedimentalistas que nos quieren hacer creer que las normas son naturales y preexistentes a la realidad, algo que es falso. Pueden cambiarse. DEBEN cambiarse en momentos críticos y excepcionales.

Hoy, 48 muertos después, esas vías antes planteadas por fin están en el eje de la discusión. Pudimos llegar antes, pero eso suponía oír como iguales a quienes rechazaban a esta nueva presidenta. Eso suponía también haber entendido lo que significó realmente Pedro Castillo como presidente y no como “gestor” porque la presidencia es tanto un espacio de poder como un espacio simbólico representativo. Pero hoy, hemos llegado a ello. Bueno pues, que las lecciones sean aprendidas. Empecemos por exigir que se oiga a quienes se manifiestan y, por tanto, que Boluarte se vaya de una vez con todo ese gabinete de cómplices ensangrentados.

Dice Otárola que “lamenta” las muertes para luego seguir justificándolas. Hoy, LAMENTAR ES SINÓNIMO DE RENUNCIAR. Boluarte está ya en la cuerda floja. Y la renuncia es lo que nos toca exigir. Es el primer paso para empezar a andar.