Algunas propuestas para salvar el capitalismo en tiempos del Covid-19

Por: 

Germán Alarco/ Profesor de la Universidad del Pacífico

Los poderes económicos y mediáticos insisten en que no hay alternativa alguna al modelo neoliberal que tenemos en el Perú. Es esa alternativa o el abismo; están equivocados. Ahora señalan que en el discurso de las Fiestas Patrias faltaron las medidas concretas para promover la inversión privada, su única prioridad en esa lógica. Hasta el líder del gremio de los empresarios industriales planteó que el “Pacto Perú” estaba muy bien para dar señales claras y predictibilidad a la inversión privada; no se sabe en qué país viven, desconocen nuestros problemas estructurales olvidando todas las brechas y carencias impulsadas por el neoliberalismo desde hace 30 años, el abandono de la década de los ochenta y la crisis sufrida a mediados de los setenta.

Estos poderes son maniqueos ya que una crítica al neoliberalismo, no es en absoluto rechazar al sistema capitalista basado en la propiedad privada y en un conjunto de instituciones y reglas determinadas. El neoliberalismo es una forma de capitalismo que tomo lugar en el mundo a partir de los años ochenta del siglo XX. Antes de este se tuvieron al menos cinco modalidades: inicial, el desarrollado en la primera revolución industrial, el más salvaje durante la segunda revolución industrial, su fase monopolista e imperialista a finales del siglo XIX que terminó con la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial y la edad de oro del capitalismo donde se procuraron balances entre mercados y Estado; y entre capital y trabajo.  

Variedades capitalistas

El capitalismo no sólo cambió a lo largo del tiempo para devenir desafortunadamente por un conjunto de factores y fuerzas en su perniciosa modalidad actual. Las variedades de capitalismo en el mundo son numerosas; casi cada economía tiene una diferente y que cambia en el tiempo. Uno es el capitalismo de los países nórdicos, aunque también ha habido retrocesos en algunas de esas economías. Otro capitalismo es el de las economías de Europa Central diferente a las de Asia. El de Canadá, EE.UU, y México son muy diferentes donde la vertiente canadiense tiene una sesgo a favor del bienestar de las personas y más humano. Hay diferencias entre sus variantes de la Argentina, Brasil Chile, Colombia, Perú, entre otros, respecto de por ejemplo el desarrollado en Costa Rica o el Uruguay. Los temas y variables para establecer tipologías son numerosas. Estas casi infinitas variantes generan el espacio para afirmar de manera categórica que las mejoras a favor del bienestar de los ciudadanos son posibles, obviamente adecuadas a las características de cada sociedad.

Baumol, Litan y Schramm (2007) establecen cuatro modalidades principales de capitalismo: el oligárquico, el gerencial o dominado por grandes empresas, el de emprendedores y el de Estado. Hay formas superiores dependiendo del criterio seleccionado; así como ventajas y desventajas. El oligárquico existe cuando el poder y el dinero están concentrados en unas cuantas manos, sean nacionales o extranjeras. Es la peor forma de capitalismo, ya que estos maximizan exclusivamente sus ingresos y riquezas, agravando la desigualdad y contribuyendo poco a un crecimiento compartido. Este es el que parece predominar en el Perú (Alarco, 2011). Solo como ejemplo, el capitalismo de Estado puede ser exitoso, como ocurrió en muchas economías asiáticas, pero enfrenta riesgos en las limitadas capacidades de los funcionarios públicos. Sin embargo, también es probable sea la fórmula más utilizada por los Estados para enfrentar todos los viejos y nuevos retos del futuro a partir del Covid-19.

Fórmula keynesiana

J. M. Keynes quería un capitalismo diferente al que dominaba el mundo bajo la teoría económica neoclásica y de esta forma “evitar la destrucción total de las formas económicas existentes”. Para él, los principales inconvenientes de la sociedad económica en que vivía eran su incapacidad para procurar la ocupación plena y la arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos. La Teoría General (1936), su libro clave, brindaba un nuevo marco de interpretación de la realidad económica y de cómo superar su mayor problema de las crisis de insuficiencia de demanda efectiva. Sus planteamientos permitieron hacer frente a la Gran Depresión, luego a innumerables pequeñas y medianas crisis a partir de finales de la Segunda Guerra Mundial y a la Crisis Financiera Internacional 2008-2009. 

No sólo procuró una mejor economía para las personas, sino que también insistió que el nuevo sistema podría ser más favorable a la paz del mundo de lo que fue el viejo (con la Primera Guerra Mundial y otras guerras imperialistas). Se debe mirar más hacia adentro de las economías y menos hacia afuera evitando azuzar la competencia por los mercados y la belicosidad de los pueblos. También se trataba de llenar los vacíos de la teoría neoclásica que no implica echar por tierra el “sistema de Mánchester” que requiere del libre juego de las fuerzas económicas para realizar al máximo toda la potencialidad de la producción; aunque las fuerzas económicas pueden necesitar que se las doble o guíe desde el Estado; con amplio espacio para el ejercicio de la iniciativa y la responsabilidad privadas (Cap. 24 de la Teoría General). 

Son tres sus principales propuestas; dos de ellas aplicadas a lo largo de la historia reciente de la mayor parte del mundo: política fiscal y monetaria anticíclica y una tercera soslayada u olvidada relativa a la política de altos impuestos sobre los ingresos y a las herencias. Con esta última se pretendía aumentar la propensión a consumir de la comunidad que a su vez serviría para elevar el aliciente para invertir. Su razonamiento llevaba a la conclusión de que el crecimiento de la riqueza, lejos de depender de la abstinencia de los ricos, como generalmente se supone, tiene más probabilidades de encontrar en ella un impedimento (cap. 24). Los impuestos y el gasto público son positivos para el conjunto de la Sociedad.

Capitalismo responsable

A escala mundial, en teoría, las empresas y organizaciones, deben ser cada vez más conscientes de la necesidad y los beneficios de un comportamiento socialmente responsable. El objetivo de la responsabilidad social empresarial (RSE) es contribuir al desarrollo sostenible. El desempeño de una organización en relación con la sociedad en la que opera y con su impacto sobre el medio ambiente, se ha convertido en una parte crítica al medir su desempeño integral y su habilidad para continuar operando de manera eficaz. Asimismo, las organizaciones están sometidas a un escrutinio cada vez mayor por parte de sus diversas partes interesadas: clientes - consumidores, proveedores, trabajadores, sociedad y Estado. Los antecedentes de la ISO26000 de 2010 son diversos desde la creación de la OIT en 1919 hasta la implementación del Protocolo de Kioto en 2005.

Valor compartido

Porter y Kramer (2011) publicaron una propuesta que profundizaba la RSE. El artículo tenía un inicio que recordaba al Manifiesto del Partido Comunista de 1848: “El capitalismo está bajo asedio (…) La pérdida de la confianza en las empresas está haciendo que los líderes políticos tomen medidas que socavan el crecimiento económico (…) Las empresas están atrapadas en un círculo vicioso (…) El propósito de una corporación debe ser redefinido en torno a la creación de valor compartido”.

Este involucra crear valor económico de una manera que también cree valor para la sociedad al abordar sus necesidades y desafíos. Las empresas deben reconectar su éxito de negocios con el progreso social. El valor compartido no es responsabilidad social ni filantropía y ni siquiera sustentabilidad, sino una nueva forma de éxito económico. No está en el margen de lo que hacen las empresas, sino en el centro. Para estos autores el capitalismo es un vehículo inigualable para satisfacer las necesidades humanas, mejorar la eficiencia, crear trabajo y generar riqueza. Pero una concepción estrecha del capitalismo ha impedido que las empresas exploten todo su potencial para satisfacer las necesidades más amplias de la sociedad. Una empresa necesita una comunidad exitosa y una comunidad necesita empresas exitosas.

Las empresas pueden crear valor económico creando valor social. Hay tres formas diferentes de hacerlo: reconcibiendo productos y mercados, redefiniendo la productividad en la cadena de valor y construyendo clusters de apoyo para el sector en torno a las instalaciones de la empresa. Los beneficios sociales de ofrecer productos apropiados a los consumidores de menores ingresos pueden ser profundos, a la vez que las utilidades para las empresas pueden ser buenas. Asimismo, la mejora en el ahorro de la energía, logística, como los mejores usos de recursos naturales y materiales o una redefinición de las nociones de productividad tradicionales (ej. contar con trabajadores “baratos” sin prestaciones sociales) contribuye positivamente tanto a la empresa como a la sociedad. 

Por último, ninguna empresa es un ente autosuficiente. El éxito de todas las empresas se ve afectado por las compañías y la infraestructura de apoyo que las rodean. La productividad y la innovación están altamente influidas por los “clusters” o concentraciones geográficas de firmas, empresas relacionadas, proveedores de productos y servicios e infraestructura logística en un área particular. También incluyen a instituciones académicas, asociaciones de comercio, de certificaciones y calidad. Las empresas crean valor compartido al construir clusters que mejoren la productividad de la compañía a la vez que abordan las brechas o fallas en las condiciones estructurales que la rodean.

Refundar el capitalismo

En junio el Fundador y Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, lanzó un libro interesante “El gran reinicio”; que parece propio de críticos radicales, pero que en realidad corresponde a uno de los ideólogos empresariales más importantes del mundo. Aquí se plantea que la crisis detonada por el Covid-19 tendrá serias consecuencias a largo plazo para el crecimiento económico, la deuda pública, el empleo y el bienestar humano. Se señala que las medidas incrementales y las soluciones ad hoc no serán suficientes para evitar este escenario. Se debe construir bases completamente nuevas para nuestros sistemas económicos y sociales.

Para Schwab un lado positivo de la pandemia es que ha demostrado cuán rápido se pueden hacer cambios radicales en nuestros estilos de vida tanto a nivel personal como en las prácticas empresariales. Del mismo modo, se ha demostrado abrumadoramente la disposición de hacer sacrificios por el cuidado de la salud y el apoyo a las poblaciones vulnerables, como los ancianos. Existe la voluntad de construir una sociedad mejor que requerirá gobiernos más fuertes y más efectivos, aunque esto no implica un impulso ideológico y exigirá, según Schwab, también la participación del sector privado en cada paso del camino.

La agenda del gran reinicio tiene tres componentes principales. El primero dirigiría el mercado hacia resultados más justos. Con este fin, los gobiernos deberían mejorar la coordinación (por ejemplo, en política fiscal, regulatoria y fiscal), mejorar los acuerdos comerciales y homogeneizar políticas para evitar la competencia entre economías en un momento de disminución de las bases impositivas y aumento de la deuda pública. Por otra parte, los gobiernos deberían implementar reformas que promuevan resultados más equitativos que puedan incluir, pongan atención, cambios (aumentos) en los impuestos sobre el patrimonio, la retirada de los subsidios a los combustibles fósiles y las nuevas normas que rigen la propiedad intelectual, el comercio y la competencia.

El segundo componente aseguraría que las inversiones promuevan objetivos compartidos, como la igualdad y la sostenibilidad. Aquí, los programas de gasto a gran escala que muchos gobiernos están implementando no deben ser utilizados para llenar las grietas del antiguo sistema; en cambio deberíamos usarse para crear uno nuevo que sea más resistente, equitativo y sostenible a largo plazo. Esto significa, por ejemplo, construir una infraestructura urbana "verde" y crear incentivos para que las industrias mejoren su historial en métricas ambientales, sociales y de gobernanza. La tercera y última prioridad es aprovechar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial para apoyar los bienes públicos, abordando especialmente los desafíos sociales y de salud. 

Algo más

Existen muchas fórmulas y propuestas para superar el neoliberalismo que nos asfixia, aquí solo hemos revisado unas cuantas. Como plantea Schwab (2020) “la pandemia representa una ventana de oportunidad rara pero estrecha para reflexionar, reinventar y restablecer nuestro mundo para crear un futuro más saludable, más equitativo y más próspero”. No perdamos esta nueva oportunidad.

Publicado en el Diario Uno

 

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