¿Qué es el neoliberalismo?

Por: 

Gonzalo García Núñez

David Harvey, el principal maestro de la geografía radical contemporánea, responde lacónico, fue el “intento de restaurar el poder de clase de los más ricos del planeta”. 

Profesor del Graduate Center in Anthropology of the City University of New York, Harvey es un PHD, inglés y planetario,  que escribió un responso de lectura- hoy  reminiscente, Breve historia sobre: ¿Que es el neoliberalismo?

A Brief History of Neoliberalism  es una suerte de manual explicativo- en pocas páginas- de la obra  de “destrucción creativa” (Schumpeter),  causada por el ascenso, vida y  fracaso estruendoso de la ideología neoliberal. Pandemia del tipo Korona-virus que afectó la  economía y la sociedad  a escala mundial  durante casi treinta años.

Nacido en el Reino Unido (1935), Harvey estudió Antropología  y  se doctoró en Cambridge.  Saltó el charco en 1969 y se instaló como docente en la muy prestigiosa John Hopkins University de los EEUU.  

Allí escribe  su primer libro de  geografía histórica que incluye el tratamiento refinado del manejo del territorio, el Estado y la movilización de la  ciudadanía en la comprensión de los temas del poder. 

Agendas mayormente políticas sobre las redes urbanas y los movimientos sociales y retos que ya aparecen en el horizonte, los ambientales. Interpretados con lupa de geógrafo social como factores,  que explican el (des)ordenamiento del espacio.

Justicia, naturaleza y la geografía de la diferencia (1996) es otra obra central de su producción teórica, junto con el best seller  The Condition of Postmodernity, 1989. Un Piketty precursor.  

Y, luego encontramos entrevistas, propuestas sobre métodos y enfoques, formulas y alternativas de reformas del espacio, sobretodo de las ciudades y de la difícil plasmación de  los derechos ciudadanos en poblaciones con alto grado de desigualdad. 

Estos son temas  que se recogen en textos como Espacios de esperanza (2000) y El nuevo imperialismo (2003), delicatesen para el paladar de nuestra rigurosa urbanista Mariana Alegre.

Dueño de un gusto por las  paradojas,  Harvey nos recuerda, no sin sardónica ironía,  que la respuesta a la pregunta sobre la esencia del neoliberalismo fue dada el 19 de septiembre de 2003 por Paul Bremer, jefe de la Coalición invasora de Irak. 

En efecto, este funcionario promulgó un paquete de “órdenes” por “consenso” para ocupar el territorio de las inmensas reservas de petróleo, luego de un intenso bombardeo de misiles  teledirigidos por drones al palacio de gobierno  y los techos indefensos de Bagdad, la ciudad  víctima:  

a) Plena “privatización” de empresas públicas, 
b) Transferencia de los  derechos de propiedad de empresas nacionales a firmas internacionales  
c) Libre repatriación de las utilidades de empresas y operadores extranjeros hacia sus matrices de origen.
d) Abrir los bancos locales a la participación y el control foráneo, 
e) Tratamiento de nacional a las empresas  transnacionales y “contratos- ley” bajo arbitraje de terceros
f) Apertura externa y eliminación de casi todas las barreras arancelarias  

Las “órdenes” venían envueltas en reglas encorsetadas por decretos pétreos.  Normas dictadas para  la transferencia a terceros de los servicios públicos, los medios de información, la manufactura, los transportes, las finanzas, los bienes y servicios productivos y la construcción.  Nueva Constitución y el acompañamiento de harto Decreto Legislativo.  Solitaria excepción a la regulación vertical decretada por el consenso de Irak: Petróleo.

El sistema tributario, en este nuevo orden,  debía simplificarse  mediante un impuesto unificado (tipo universalización del IGV) y un manojo de regímenes de excepción.  Por esa ventana también se introdujo la corrupción, cantaleta del destrabe en otras latitudes.

La huelga quedó fuera de ley, los sindicatos prohibidos en sectores claves y la oferta laboral precarizada. Mucho exilio, muchos ninis, muchos desempleados, miles de fallecidos.

Casi como si en el Perú, el consenso de Washington (Williamson&PPK) hubiese puesto  fuera de las reglas al Cobre, solo para que alguien se  quedara con el corredor minero, o como si los TCF del gas de Camisea estuvieran reservados para ciertos invasores. 
El resto de la receta neoliberal  fue calificada oportunamente de “fundamentalismo de libre mercado”, por Harvey y otros. 

Queda, como hoy se sabe, en una “lógica defectuosa que ignora la historia”, reitera  Harvey. Se refiere sin duda al planetario repudio que inclusive ha ganado al discurso del líder socialista democrático Bernie Sanders y a la progresista Mme. Warren, que juntos representarían casi a la mitad de los delegados a las elecciones presidenciales norteamericanas. 

Útil es recordar  en nuestras tierras que no hubo ni hay neoliberalismo sin extrema violencia. El primer gran experimento  de un Estado neoliberal fue Chile en  1973. 

Nos lo recuerda hoy, por oposición, el rechazo multinivel de las gigantescas manifestaciones democráticas de los ciudadanos reunidos en la  Plaza de la dignidad, a pocas cuadras de la Moneda, que fuera ametrallada por los golpistas y que hoy recibe el busto  republicano de su presidente mártir.  

Por eso la marcha ciudadana del Mapocho,  por el Día internacional de la mujer  del 8 de marzo, no sorprende porque es la enhiesta respuesta de uno de los pueblos de América que más sufrió del golpe  contra el gobierno  democrático de Salvador Allende, coup d´ etat tramado por la CIA, según los archivos del NSA  y apoyado por el entonces Secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, respaldo develado por los wikileaks.  

Cacerinas y garrotes, el golpe barrió a  los movimientos sociales y partidos  políticos,  avasalló las organizaciones populares, exilió, criminalizó la protesta. Como lo hizo cruelmente Videla en Argentina. Bordaberry... La lista es extensa.  

Los Chicago boys,” de Milton Friedman, fueron los arietes del “libre mercado” del golpe. Think thanks, bufetes, gestores, encuestadores, árbitros.

Privatizaron los activos públicos, entregaron los recursos naturales a la explotación transnacional, facilitaron  las inversiones financieras y  se abrieron subyugados a  un comercio sin aranceles. 

Las compañías transnacionales repatriaron los dividendos de sus operaciones locales. Destruyeron la producción interna para privilegiar el crecimiento basado en las importaciones y la especialización en exportaciones primarias. 

Fue un brutal experimento de destrucción social que se convirtió en modelo de desigualdad con educación paga, salud onerosa, pensiones anémicas, elecciones truchas. 

Son las ideales maquetas que también sirvieron en sus orígenes a la formulación de políticas neoliberales en el centro occidental del mundo (Margaret Tachter, Ronald Reagan, Bush padre e hijo). 

Harvey, in fine,  tiene un podcast para leer y releer lo que escribe sobre la deconstrucción de la ideología neoliberal y difunde en su seminario para “Leer el capital”. Modernidad, sus video clases están abiertas a todos los públicos,  urbi et orbi. Convocan a una reflexión intensa sobre los Grundrissse der Kritik del viejo barbudo. 

El tomo 1 del Capital con su  gran capítulo sobre la Moneda. El tomo II sobre la producción y circulación del capital y el tomo III sobre la historia critican de la plusvalía. Encendidas discusiones sobre la coyuntura, el  calentamiento global, la pandemia, lecturas escogidas, interpretaciones que se pueden seguir en varios idiomas  y en un calendario accesible,  si uno se aplica a las modernas prácticas de las TICS. http://davidharvey.org/

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