La universidad contra los estudiantes

Por: 

Víctor Vich

En una época profundamente individualista, bajo un modelo económico que solo privilegia el interés privado, en un momento de la historia donde se ha perdido toda idea de comunidad, la Pontificia Universidad Católica del Perú debería celebrar la protesta de los estudiantes. Estos estudiantes no protestan por algo que los afectará directamente. Más bien, protestan por otros, por los demás, por los que vienen. No protestan por sí mismos, no defienden su interés individual. Han levantado la voz como un acto de solidaridad por una causa común, por una idea muy distinta acerca de cómo debe gestionarse una universidad.

La universidad sería mucho más consecuente si celebrara las protestas en lugar de activar procesos que, en última instancia, son represivos y amedrentadores.

Quienes ingresamos a la universidad en la década del ochenta sabemos bien que la universidad debe ser un lugar para formar ciudadanos que sean capaces de responder con firmeza ante lo que se considera injusto y poco transparente. La reforma impuesta por el consejo universitario no parece justa ni transparente. La reforma es engañosa, oculta procedimientos y parece llena de mediaciones. Los estudiantes la han entendido como una traición a ellos mismos y, sobre todo, a los que vienen.

La universidad no es una “empresa” ni puede manejarse bajo ese tipo de tecnocracia, nada autocrítica, que durante tres décadas ha contribuido a sumergir al país en el hondo deterioro social en el que nos encontramos. Los estudiantes no son “clientes” de la universidad. Si algún desubicado periodista lo ha entendido así es, justamente, porque hoy la PUCP es manejada con los procedimientos (y el lenguaje) de ese paradigma, de ese modelo, de esa “racionalidad instrumental” para decirlo en el lenguaje académico.

Hoy, más que nunca, la educación en el Perú debe expandirse y no elitizarse. Es muy claro que, en esta reforma, la escala más baja es la más perjudicada y eso no parece ni muy católico ni muy democratizador. El dinero de la universidad debe servir para incrementar las becas y no la burocracia. No parece muy humanista estructurar la administración universitaria bajo principios únicamente rentabilizadores. En lugar de reformar el gasto corriente, hoy se lo cargan a los estudiantes y expulsan a los que tienen menos recursos. La universidad debe estar al servicio del país y no al servicio de sí misma.

Dialogar no es informar. Se dialoga para tomar acuerdos consensuados. Por el contrario, se “informa” cuando el poder se ha concentrado en un solo lugar y se quiere imponer una decisión. No son esos los principios de una comunidad universitaria. Es una pena lo que hoy sucede en la PUCP. Es sorprendente que la primera reacción de la universidad ante la protesta haya sido abrir procesos disciplinarios. Muchísimos miembros (estudiantes, profesores, administradores y trabajadores diversos) nos encontramos profundamente desconcertados ante lo que sucede.

PD: Mi solidaridad (y la de muchos otros) con los estudiantes y las buenas autoridades de la Decana de América. 
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* Victor Vich: Crítico literario. Doctor Georgetown University, EEUU. Enseña en la PUCP. Ex-profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Publicado en La Mula

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