7 de junio: Perú, caos o posibilidad

Por: 

Julio Schiappa

El Perú ha cruzado el umbral del 12 de abril de 2026 con una sensación de vértigo. Los resultados que sitúan a Keiko Fujimori y a Roberto Sánchez/Jorge Nieto en la etapa final del proceso electoral, son el reflejo de un país que se niega a la parálisis, pero que teme al precipicio. Sin embargo, más allá de los colores partidarios, este mapa electoral nos obliga a una lectura cruda: el ciudadano ha votado contra el caos.

Hay caos hacia la izquierda y caos en la derecha. La prisa de los incendiarios lleva a la revuelta de los excluidos, la lentitud de los congelados a un país sentado encima de un volcán, y la agilidad de los corruptos, a una imposible gestión del estado y la empresa privada a favor de la gente. La clave está en decidir transformaciones posibles y prácticas en la vida cotidiana de los peruanos que viajan en moto taxi y combi. Y hacerlo juntos como Nación. Con un Pacto de Gobernabilidad que reemplace el Pacto de Corruptos del Congreso.

Para que el próximo gobierno no sea simplemente un nuevo capítulo de nuestra tragedia nacional, las transformaciones deben ser radicales en su ejecución y pragmáticas en su concepción, empezando por lo que hoy nos desangra: la inseguridad y la podredumbre institucional.

La seguridad ciudadana y la lucha contra la corrupción deben ser el primer peldaño de cualquier pacto de gobernabilidad. No hay desarrollo posible si el pequeño comerciante de San Juan de Lurigancho o el minero de Madre de Dios viven bajo el yugo de la extorsión. La transformación urgente no pasa solo por la "mano dura" retórica, sino por una seguridad inteligente y una reforma policial profunda. Necesitamos un sistema de inteligencia criminal que integre bases de datos en tiempo real, permitiendo que la policía deje de reaccionar y empiece a prevenir mediante el mapeo delictivo predictivo vigilando digitalmente a los bandidos que circulan por las calles. Un 30% de la policía deben ser Ternas, policías de civil que son una fuerza de inteligencia y acción preventiva en las calles. Esto debe ir de la mano con la derogación inmediata de las leyes pro crimen que han debilitado la labor judicial en los últimos años.

En cuanto a la corrupción, una solución es la digitalización total de la gestión pública. Incluido el levantamiento obligatorio del secreto bancario para el control digital de los ingresos de los servidores del estado. No más coimas via Yape o billeteras digitales. La transparencia no debe ser un portal de consulta, sino una arquitectura de "blockchain" gubernamental donde cada sol del presupuesto sea rastreable, eliminando la discrecionalidad en las licitaciones que es donde hoy se cultiva el soborno. Toda licitación debe ser on line y completamente publica y transparente.
 
En el ámbito social, la educación y la salud son las otras dos deudas que amenazan con hundirnos como sociedad. La reforma educativa debe dejar de centrarse únicamente en la infraestructura de cemento para enfocarse en la infraestructura para la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Un giro hacia la ingeniería, la ciencia y la tecnología, en todos los niveles educativos, debe graduar la tecnocracia que el pais necesita para su desarrollo.

Necesitamos una educación vinculada al mercado laboral regional: que un joven en Moquegua aprenda sobre tecnología minera y uno en Piura sobre agroindustria de precisión. Que la lectura reine y se prohíban los celulares en el aula. La meritocracia docente es innegociable, pero debe estar acompañada de una dignificación salarial y una capacitación que cierre la brecha de un 51% de maestros que no dominan la enseñanza digitalizada.

Por su parte, la salud requiere una integración valiente. El divorcio entre el SIS y Essalud es un lujo que un país pobre no puede permitirse. La unificación hacia un Sistema Nacional de Salud, con una historia clínica digital única y un enfoque en la atención primaria preventiva, es la única forma de evitar que una enfermedad sea sinónimo de quiebra económica para una familia peruana.

Estas transformaciones sociales y de seguridad se sostienen sobre una base económica que también exige un giro hacia la soberanía industrial y financiamiento del bienestar social con las ganancias de la explotación de nuestros recursos naturales gestionados en un Fondo Soberano.

En el campo energético Perú debe aprovechar su riqueza hídrica y solar para masificar la electricidad en el hogar, más barato que llegar con tubos de gas a todo el país. Sustituyendo el costoso GLP y petróleo importado por energía nacional barata. Electricidad para trenes y buses, haciendo giro radical de matriz energética del transporte en 5 años.

Un nuevo pacto minero debe incluir un shock industrializador que cierre circuitos de transformación, con impactos en el desarrollo de personas y regiones. Ya no basta con sacar rocas del suelo; el cobre y el litio deben ser el motor de una industria local de componnngientes, generando empleo calificado y asegurando que la renta minera se traduzca en servicios públicos de calidad en las zonas de influencia. Asimismo, la refinación del oro y su venta al Banco de la Nación, un medio de formalización y desarrollo sostenible en todas las regiones auríferas del país.

Asimismo, es impostergable eliminar las concesiones mineras en poder de “manos muertas”, como denominaba Adam Smith a propiedades sin producción, capturadas por rentistas. El eje del debate no es quitar las minas a nadie, las minas deben ser de quienes las trabajan. Grandes, medianos o pequeños.

Evitar el abismo requiere que la izquierda democrática y la derecha de Fujimori entiendan que el Perú de 2026 no aguanta más guerras culturales de salón. La flexibilidad para negociar estas reformas acotadas será el único salvavidas. La izquierda debe entender que la redistribución de la riqueza empieza por la eficiencia del Estado y la seguridad del emprendedor; la derecha debe aceptar que la estabilidad macroeconómica es cáscara vacía si no hay justicia social y servicios que funcionen.

El 7 de junio en que elegiremos presidente en segunda vuelta, Día de la Bandera y de la Batalla de Arica, no solo elegiremos un presidente, elegiremos si finalmente damos el salto hacia la modernidad o si terminamos de caer al vacío de la desintegración de nuestra república. Estamos quemando el último cartucho de una nueva oportunidad para el Peru.

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