Perú, la necesidad de perspectivas

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Por: 

Vicente Otta R.

Los cocodrilos lloran por Eyvi. Cada vez que algún crimen excede el límite de lo “normal” un coro de cocodrilos exhibe sus lágrimas. Son los mismos que desde el púlpito, el Congreso y los medios, refieren que los derechos humanos son una cojudez o que el enfoque de género es “una ideología” nociva y disociadora. Y en nivel de escándalo, la señora que funge de lideresa del partido populista y mafioso dice, hago un llamado para ponerle fin a la "violencia y el odio" en contra de las mujeres, la misma que cuando su madre, en los 90, era torturada por Fujimori, callaba en cuatro idiomas y la remplaza presta como primera dama.

El dramatismo de los personajes mediáticos ante las cámaras 
Aquellos que celebran la incursión del general gasolinero en el LUM, que quedan desnudos de tanto rasgarse las vestiduras cada vez que un sentenciado por terrorismo sale en libertad tras cumplir su condena. Lanzan ayes cuando las cámaras los enfocan. Luego siguen su rutina promoviendo la impunidad y despotricando contra los derechos humanos.

Mientras, el Congreso rebosa de habitués del SIN de Montesinos y patrocinadores del irrito indulto a Fujimori. Integrantes de este poder del estado exhiben prontuario en lugar de Currículo. Con el agravante que en los últimos años el narcotráfico es el gran elector de muchos de ellos, que han encontrado en el Congreso su American Way of Live sin tener que ir a California. Cobradores de micro o vendedores de sandalias que en 10 años se han convertido en millonarios, mecenas de partidos políticos y “padres” de la patria. 

El huevo de la serpiente, lo vivido en los 80-90, años de insania y odios sin límite. Lo que empezó con perros colgados en el centro de Lima, con embadurnamientos de sangre en las prácticas soldadescas, devino en masacres horrendas y actos inhumanos contra campesinos y gente humilde, tanto por el terrorismo que decía aspirar a un mundo de justicia, como por militares que decían proteger al estado y a los peruanos. Ambos condujeron al Perú al infierno de Dante, que es el peor de los infiernos. 

Los actos aberrantes y perversos de unos y otros han producido un enorme número de peruanos con pérdidas afectivas y emocionales irreparables. Son los hijos de la violencia y las perversiones producidas en el conjunto de la sociedad, especialmente en la sierra sur y en la amazonia. Muchos de ellos asentados en Lima actualmente. Estos son los “monstruos” que hoy azotan a la sociedad y nos llenan de horror y asco hasta la náusea.

Trastrocados los valores morales, se convirtieron en falaces y débiles referentes conductuales. Una sensibilidad abotagada por la violencia sin límites, se hizo tolerante al sufrimiento ajeno No condenamos ni rechazamos al terrorismo sanguinario ni repudiamos y sancionamos a los criminales de una y otra banda. 

Los responsables de muertes como la de Eyvi, de las violaciones sistemáticas de niños y niñas, del feminicidio son los que ayer produjeron el horror y el espanto y hoy, aquellos que rechazan la pacificación y reconciliación verdadera, aquella que promovió infructuosamente la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR). Estos promotores del odio y la venganza (el Cardenal Cipriani y los fujimoristas como Becerril o Tubino) siguen defendiendo la impunidad de los responsables de crímenes de lesa humanidad. El indulto a Fujimori es su expresión mayor. 

No existe paz sin justicia ni reconciliación sin perdón. No entender que ahora cosechamos lo que se sembró en los años 80-90 se explica porque seguimos siendo una sociedad profundamente fracturada, sin sentido de nación ni civismo. Aquellos que controlan el poder del estado, que se consideran parte de los que ganaron la guerra al terrorismo, sienten que este “triunfo” les otorgan patente de corso. Como los antiguos cónsules romanos, por salvar a Roma de un peligro extremo Lo quieren todo. Impunidad y riqueza mal habida. El fujimorismo se sustenta en esta premisa, por eso considera que todo lo actuado por Fujimori y Montesinos es válido y legítimo. No hay sentido de culpa ni propósito de enmienda.

Este sentido de inimputabilidad y ausencia de responsabilidad autocrítica se da también en la gran mayoría de la gente que se considera de izquierda. Sigue creyendo que el terrorismo senderista fue consecuencia de errores estratégicos, de una visión dogmática, etc. Cuando se trata de terrorismo sanguinario simple y llanamente. Acciones ajenas de un proyecto que se considera socialista-marxista. 

No ver esta terrible y dolorosa realidad y todas sus implicancias es lo que genera nuestra carencia de espíritu nacional y de patria. Son los “otros” los únicos responsables y hay que estigmatizarlos y castigarlos con la mayor severidad. A los “nuestros” hay que protegerlos y evitarles cualquier sanción o penalidad. Seguimos sin ser una comunidad nacional.

La profunda revolución moral y cultural que urgimos empieza por asumir la responsabilidad, la autocrítica sincera, y se consagra con el perdón que como un todo nacional procesemos y logremos.

De esta confusión perversa y de la corrupción y banalidad de las altas autoridades públicas se nutre la violencia doméstica y la conducta criminal de psicópatas y malhechores. Las autoridades que debieran ser, ejemplo de ética y responsabilidad cívica, han devenido en símbolos de la corrupción y el mal vivir. 

Ante la muerte de Eyvi, el Presidente: “me siento muy apenado. Pero a veces esos son los designios de la vida". Con esta infeliz expresión el señor Martín Vizcarra superó las impertinentes frases de su predecesor. Como PPK, muestra falta de criterio y compromiso social para gobernar. Pensar y decir que la horrible muerte de Eyvi Agreda es un designio de la vida, no revela otra cosa que desinterés por combatir el feminicidio, crasa ignorancia de su responsabilidad como gobernante, y carencia de compromiso con los más débiles.

¡El adelanto de elecciones generales es una necesidad urgente. No esperemos más!

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