Del resultado del 7 a pensar el futuro

Por: 

Julio Schiappa

El 7 de junio fue una asombrosa victoria popular, una campanada que recuerda que Lima no es el Perú y que millones de peruanos quieren un lugar en la prosperidad de su país.

La paridad en el escrutinio de la segunda vuelta electoral mantiene al Perú en un estado de parálisis sicosocial. Con más del 95% de las actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales, la diferencia entre Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, y Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, oscila en márgenes que no superan el 1% del electorado nacional. Este escenario de suspenso, donde la ventaja matemática migra de un candidato a otro por diferencias menores a los 30,000 votos, se desarrolla sobre un trasfondo de profunda desafección ciudadana. La polarización actual no responde únicamente a simpatías ideológicas, sino a una respuesta directa frente al colapso institucional y moral del aparato estatal. 

El voto viciado que no fue

Unos 6 millones de peruanos decidieron no ir a votar. Tampoco se decidieron a escribir un voto con la frase “quiero un buen gobierno” señalada por Jorge Nieto, quien se decidió por el voto viciado y fracasó. Tampoco se puede atribuir el voto en blanco o el ausentismo. Más bien una mayoría de sus seguidores fugaron hacia el fujimorismo (un 36 de sus adherentes son de derecha o naranjas) y el izquierdismo de Sánchez (un 40 plus se declaraban Progresistas o de centro izquierda). El sociólogo y consultor político, Jorge Nieto, se queda con una bancada, que para Keiko Fujimori es una suerte de Puente de los Suspiros para hacer mayoría, con RN, en Senado y Diputados. Pero, en cambio puede ser un Puente Roto con sus seguidores, más equilibristas electorales que el terco Characato que lidera el PBG. De esto último depende si Nieto es un columpio o un subibaja, con tendencia a la baja.

Sánchez lidera la resistencia andina y popular

El comportamiento del electorado en los comicios del domingo 7 de junio revela que el avance de Roberto Sánchez estuvo impulsado por dinámicas de rechazo estructural. Refleja, como bien lo dijo el candidato, “una resistencia de los pueblos y los ciudadanos al abuso de la Autocracia Legislativa y del poder económico del país”. Los estudios previos a la votación indicaron que el 42% de los ciudadanos que respaldaron al candidato de izquierda lo hicieron motivados por el anti voto hacia el fujimorismo, consolidando una tendencia histórica de resistencia electoral. No obstante, Sánchez logró capitalizar el descontento del sector de indecisos durante el último mes de campaña, sobre todo en Lima, donde paso a más de 30% de apoyo, y en una verdadera Fuenteovejuna Regional y Provinciana, reduciendo la ventaja inicial de su contendiente mediante un discurso enfocado en las demandas del denominado Perú profundo. Frente al dominio de Fuerza Popular en los centros urbanos costeros y Lima, el respaldo a Juntos por el Perú se atrincheró en las regiones del sur, el centro y la sierra norte, y las áreas rurales, zonas cuyas actas de votación, debido a la complejidad geográfica, ingresan al sistema oficial con mayor retraso. Ese retraso y el voto del extranjero tienen en vilo a todo el país.

Vota mientras yo robo

Este empate técnico se procesa en medio de una crisis de legitimidad que asfixia al Gobierno de Balcázar. El seno del Estado enfrenta denuncias de corrupción sistemática e ineficiencia administrativa que debilitan la confianza pública en la transición democrática. El reflejo más crítico de esta descomposición institucional se observa en la parálisis de la Autoridad Nacional de Infraestructura, entidad que ha mostrado una incapacidad absoluta para ejecutar el presupuesto destinado a la prevención del Fenómeno del Niño. La alarmante cantidad de obras civiles sin ejecutar en las cuencas prioritarias de la costa norte y central responde a un patrón de corrupción interna y adjudicaciones dirigidas a empresas sin experiencia técnica formal. Las denuncias apuntan al incumplimiento flagrante de los planes maestros de mitigación de desastres, donde la burocracia estatal priorizó procesos administrativos irregulares sobre la urgencia climática. Como consecuencia, las defensas ribereñas indispensables para contener las crecidas se encuentran abandonadas o con estructuras deficientes, mientras que los proyectos de descolmatación de ríos sufren retrasos críticos que dejan desprotegidas a decenas de miles de familias frente a futuros desbordes e inundaciones recurrentes. Como en el COVID, pagaremos con muertos la ineficiencia y la corrupción.

Traición a la patria 

A este sombrío panorama de desatención social se suma una ola de cuestionamientos internacionales y financieros por la entrega apresurada de los recursos estratégicos del país. En el ámbito geopolítico, ha generado profunda indignación que el Estado otorgara exclusividad a los Estados Unidos para la exploración y explotación de los yacimientos de litio y cobre en el sur del país, un recurso crítico para la transición energética global que ha quedado amarrado a intereses norteamericanos mediante negociaciones opacas. Casi en paralelo, el Ejecutivo ha convalidado una adenda sumamente controvertida que amplía por 30 años adicionales la concesión del estratégico Puerto de Matarani a favor de operadores vinculados al fondo transnacional BlackRock y un grupo de las empresas de elite locales, extendiendo su control hasta el año 2059. Esta política de concesiones aceleradas y de espaldas a la fiscalización pública, ejecutada en pleno tramo final de la administración gubernamental, es percibida por amplios sectores como un desmantelamiento de la soberanía nacional y un intento de blindar contratos antes de un eventual cambio de régimen político. 

Caballazo electoral en el extranjero

Bajo este clima de vulnerabilidad social, entrega de recursos y denuncias de corrupción, la definición predictiva de la carrera presidencial depende exclusivamente de factores técnicos y legales en el procesamiento de las mesas restantes. El primer vector decisivo es la velocidad de internalización del voto rural rezagado. Si la tendencia favorable a Sánchez en las regiones andinas y amazónicas mantiene los porcentajes observados en la primera vuelta de abril, el candidato de Juntos por el Perú contará con un flujo constante de votos para disputar los decimales finales del conteo. Sin embargo, este flujo debe competir directamente con el procesamiento del voto en el extranjero, un bolsón electoral administrado por el Ministerio de Relaciones Exteriores que históricamente se inclina hacia opciones conservadoras y que tiende a otorgar picos de crecimiento a Fuerza Popular en los últimos tramos del escrutinio general. No hay duda, como lo revela un audio del empresario fujimorista José Chlimper, exitoso empresario agroindustrial y farmacéutico, Fuerza Popular está detrás del voto de los peruanos en EEUU, dispuesta ganar por las buenas o por las malas, quizás con ayuda de MAGA, el voto en ese país.

Papelito manda

El tercer elemento que definirá al próximo gobernante se traslada al terreno legal de las actas observadas e impugnadas. Con más de 1,500 actas remitidas a los Jurados Electorales Especiales por legibilidad, errores de digitación o impugnaciones de identidad, la pericia técnica de los personeros de ambas agrupaciones determinará la validez de miles de sufragios en disputa. En una elección donde la separación entre la victoria y la derrota se reduce a un puñado de mesas, la resolución de cada controversia jurídica en los jurados especiales equivale a la obtención de ventajas territoriales directas. Mientras el país aguarda el procesamiento del 100% de los documentos electorales, la certeza política permanece suspendida, dejando al descubierto que cualquiera que sea el resultado final, el nuevo mandatario asumirá la conducción de una república profundamente fracturada, con la urgencia de reconstruir la capacidad operativa de un Estado golpeado por la ineficiencia y la crisis moral.

La izquierda resucita en esta campaña y no muere en las ánforas

La izquierda peruana ha sobrevivido, con más muertos que heridos, a la campaña electoral más letal del Siglo XXI, pero no es la ortodoxia pro cubana o pro China la que ha parido este milagro. Es el Castillismo con sombrero, un jacobinismo andino de origen popular, Juntos Por el Perú, heredero del socialismo populista de raíces norteñas, y el partido universitario-tecnocrático de Alfonso López Chau, supérstite de la tradición mariateguista de Barrantes, así como los cuadros técnicos de la coalición Venceremos, que ha puesto en valor su 0.7%. de resultados electorales. Mismo golpe de Bitcoin.

La izquierda que ha pasado con esta elección a mejor vida, es la que adhirió acríticamente al Chavismo y al modelo fallido de Cuba. La que nunca pudo corregirse de su manía internacionalista sin conocer bien el Perú, que no identifico la informalidad como el gran cambio social que es la base de la transformación del Peru, la que hoy debe aceptar que el socialismo sin ejercicio del poder en la democracia es solo utopía revolucionaria, que al final no cambia nada. Dura elección y dura lección. Hay que cambiar paradigmas y redefinir el rol de los socialistas y las izquierdas en el Perú.

En esta cruel justa electoral, como dice, con agudeza, el profesor dominicano Víctor Calcaño "pase lo que pase el pueblo peruano ha convertido esta elección en una victoria política". No siempre la victoria política está registrada en la formalidad electoral. Una coalición parlamentaria democrática tendrá el peso decisivo en el futuro inmediato del país. Es que el modelo político reeleccionista y dándole el poder absoluto al Senado se ha vuelto contra sus creadores. Y será un escenario decisivo en la batalla por restituir la democracia en el país. Pálidos pero serenos esperemos los resultados.

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