Sánchez y la toma (por las buenas) de Lima
Julio Schiappa
Roberto Sánchez se juega el todo por el todo en Lima. Con una base sólida en el sur, su victoria presidencial el 7 de junio se define en los distritos más poblados de la capital. ¿Cómo planea ganar en el bastión de sus rivales de la derecha unida, auspiciada por Estados Unidos? La respuesta está en las transformaciones que Sánchez puede ofrecer diferenciándose de Keiko y su "regreso al gobierno de su padre". Pero hay un dato aún más contundente: la elección del 12 de abril no representa a millones de peruanos, y ese es precisamente el público que Sánchez puede convencer.

Los números que no mienten
De los 27,3 millones de peruanos convocados a las urnas, más de 10,7 millones —casi cuatro de cada diez ciudadanos— decidieron no participar o expresar su rechazo al sistema. Según la ONPE, 7,4 millones se abstuvieron (27,4% de los electores hábiles), 2,3 millones votaron en blanco (11,7%) y cerca de un millón anuló su voto (5,1%) . Sumados, representan el 39,6% del padrón electoral, una cifra que supera ampliamente los votos obtenidos por cualquier candidato.
Keiko Fujimori, la candidata más votada, alcanzó apenas 2,8 millones de sufragios, equivalentes al 10,3% del total de electores hábiles. Sánchez, por su parte, obtuvo aproximadamente 2 millones de votos, el 7,2% del padrón. Es decir, los dos candidatos que disputarán la segunda vuelta fueron elegidos por menos del 18% del electorado total. El resto —más de 22 millones de peruanos— o no votó, o votó en contra de todos, o eligió a candidatos que quedaron fuera de la contienda.
Este fenómeno no es nuevo. En 2021, cuatro de cada diez electores ya se habían ausentado o habían votado en blanco o nulo. Pero en 2026 la situación se agudizó: por segunda elección consecutiva, ningún candidato alcanzó el 20% de los votos válidos. Como ha dicho más de un analista, ha sido una "pelea de enanos" . Veintiocho candidatos estuvieron por debajo del 4%, y 23 no alcanzaron ni un dígito de las preferencias.
El lenguaje de la gente
Sánchez ha dejado atrás el discurso técnico-marxista para hablar de "dignidad y soberanía" en lugar de "nacionalización". Habla de "soberanía del bolsillo". Las necesidades de la gente, antes que nada. Esta simplificación pedagógica es fundamental para conectar con un electorado joven y sectores populares que consumen información en clips de 15 segundos. Los factos: hechos, sin nada de floro.
Este lenguaje directo es clave para seducir a los 10,7 millones de peruanos no representados. Según Datum Internacional, casi la mitad de la población manifestó que no tenía un candidato definido, y un 33% acudió a las urnas con sentimientos de rabia e indignación. Esos votantes frustrados no buscan ideología: buscan utilidad.
Seguridad y orden
La propuesta de la Guardia Vecinal Profesional busca neutralizar el discurso de Fuerza Popular. Una buena idea de Barrantes y Andrade que incorpora a los civiles en la batalla por la seguridad. Sánchez sabe que en Lima la seguridad es el tema clave. Si promete orden en los barrios, rompe el monopolio de la derecha sobre la tranquilidad pública. Además, tiene que digitalizar la seguridad con centrales C5, que Claudia Sheinbaum usó con éxito en la Ciudad de México para bajar la criminalidad.
En Lima, donde se concentra casi el 33% de la población electoral, cerca de dos millones de peruanos no acudieron a las urnas en 2021, lo que representaba más del 25% de los electores hábiles de la región más poblada del país. Esos limeños desconectados son el objetivo.
El crédito como motor
Su propuesta de créditos al 1% (esa cifra debe corregirse al alza) para emprendedores ataca directamente la base de supervivencia de millones de limeños. Es una oferta tangible frente a las promesas abstractas de la oposición, que puede complementarse con una tarjeta de pago digital universal del Banco de la Nación, que brinda antecedentes de ventas para créditos a PYMES y microcrédito comercial. Lula ya la implementó con tremendo éxito en Brasil.
La oportunidad histórica
En resumen, la "toma de Lima" de Sánchez no es un asalto: es una invitación a un proyecto que une progreso económico, república democrática y equidad social. Si logra proyectar que su gobierno traerá más dinero al bolsillo y menos delincuentes a la calle, el antivoto se disolverá en las clases medias y populares.
La clave no está en ser más de izquierda, sino en ser más útil para el ciudadano de a pie. En esta final de fotografía, Lima no requiere ser tomada, sino convencida de las ventajas de un gobernante de origen popular con una coalición, su gabinete y el Congreso que repitan el éxito durante 20 años de la Concertación chilena.
Los 10,7 millones de peruanos que no se sienten representados por nadie están esperando una razón para creer. Sánchez tiene la oportunidad de darles una salida sin extremismos.
