De Alan García se supo rápidamente que era un político corrupto ni bien dejó de ser presidente por primera vez. Y aunque se libró de ser acusado en el Congreso de esa época por la correlación de fuerzas que logró mover cuando aún era senador vitalicio, antes del golpe de Fujimori; los casos Mirage, Zanati y un largo etc. quedaron grabados en la opinión pública con un sello de impunidad propio de un hábil zoonpolitikón.

