En los últimos días ha corrido el rumor de golpe de Estado en los corrillos políticos –a propósito de una orden de inamovilidad dada por el nuevo Comandante General del Ejército- y ello ha motivado, una vez más, encendidas declaraciones en defensa de la democracia. Sin embargo, al no aparecer en el horizonte las mínimas condiciones para un suceso de esta envergadura, parece tratarse de una cortina de humo que permita, a nuestros alicaídos partidos de la derecha neoliberal, vestirse de defensores de la democracia.
