Es normal que el "que se vayan todos" goce de aceptación popular. No solo es normal, es lógico y justificado. Cualquiera con dos dedos de frente, viendo el escenario que tenemos, sabiendo lo entrampados que nos encontramos y observando las renuncias a la transformación en el Ejecutivo y el golpismo en el Legislativo, pensaría, cuando menos, que deberían irse quienes están. Pero esta es una trampa y comporta un problema mayor: no existe un "que se vayan todos". Lo que existe es un canje. Siempre que alguien se va llega otro alguien.