En unas semanas se realizará la elección regional y municipal en medio de una grave crisis que compromete al propio régimen político, incapaz para enfrentar el paulatino “desplome” de nuestras instituciones y la fragmentación de la sociedad. Crisis que encuentra parte de su explicación en la defensa interesada de un modelo económico agotado y en la resistencia a reformar el Estado como parte de un nuevo contrato social, elementos que se suman a nuestra larga historia de desigualdad, discriminación y exclusión.