El gremio más poderoso del país, la Confiep, pasa por un momento difícil en lo interno y riesgoso en lo externo. Sufre de una crisis de credibilidad, preguntándose cómo hacer para que su gastado mensaje de continuidad prenda en momentos que lo privado, el lucro asociado a las grandes empresas, tiene mayor rechazo. Anda también preguntándose hacia quién inclinarse en esta enigmática elección de punteros inexpertos y candidatos al congreso de igual condición.



