En el debate de cara a la segunda vuelta se ha puesto especial énfasis en las garantías democráticas que deben presentar ambos candidatos presidenciales, tanto Pedro Castillo como Keiko Fujimori. De la primera sabemos sus antecedentes autoritarios por la participación en la dictadura que lideró su padre junto con Vladimiro Montesinos, entre 1992 y el año 2000, así como por su discurso posterior; asumiendo, negando y luego volviendo a asumir, en esta campaña, el legado paterno —lo que incluye hasta los horrores de las esterilizaciones forzadas—, y sus actuales promesas de mano dura.