Asco, cosa nostra y política en el Perú de Dina Boluarte

Por: 

Pedro Pablo Ccopa

Sua Congreso, waqllig congreso, Dina wañuchi (1), son los calificativos que hasta el momento estaban en las bocas y en el fondo de los sentimientos, de la gente que la presidenta llama hermanos, hermanas. 

Este régimen, que se establece con la asunción de Dina Boluarte como presidente, nace de una alianza manchada de sangre de 49 ciudadanos quechuas y aymaras, asesinados, durante las protestas de fines de diciembre de 2022 y de enero, febrero de 2023, por balas provenientes de las fuerzas armadas y policiales de la que ella es jefe suprema. A más de un año, no hay ninguno sancionado por estas muertes. 

A partir de ahí, la población del sur, y la inmensa mayoría del país comienzan a llamar a Dina Boluarte y al llamado Congreso, con los calificativos señalados al inicio de estas líneas. Y a corear: “esta democracia ya no es democracia”, y a este sistema político que carga con un 91% de insatisfacción en la población: “Cierre del Congreso, nuevas elecciones

Con el escándalo de la lujosa colección de relojes Rolex y otras joyas de gran valor como las pulseras de oro y diamantes, cuyo origen Dina Boluarte  no supo explicar desde el principio, ensayando ella y sus adláteres, llámese ministros y medios adeptos, distintas explicaciones pueriles, como, que la joya en cuestión es de antaño, que en su ADN estaba el no ser corrupta, pasando por la posible imitación o el regalo de un fan enamorado, para finalmente ensayar en público un mal barajo tras 21 días de silencio evasivo sobre el tema: que las joyas no son suyas sino que pertenecen al gobernador de la región Ayacucho, quien se las había prestado, que reconoce el error de haberlo aceptado, pero que lo hizo con el ánimo de “representar bien al país”. 

Esa explicación no la cree ni ella misma, subestima la inteligencia de las personas. Nadie presta un reloj Rolex con la caja y la tarjeta de garantía encontrada durante el allanamiento de su casa. Dina cada vez más desnuda su esencia. Y la gente, sobre todo del sur del país, ya no la llaman solo Dina wayuchiq, sino también llulla. Y si prosperan las investigaciones de la Fiscalía de la Nación sobre los sospechosos movimientos millonarios de sus cuentas bancarias con acusación de enriquecimiento ilícito, entonces se le agregará también el calificativo de sua. Es decir, igual como llaman sua congreso, waqllia congreso. Así pasará a la historia, quien pudo haber aprovechado para bien lo que el azar le brindó generosamente.

Pero no solo de esto trata este escrito, sino de lo que estos hechos nos muestran, cada vez con mayor nitidez. Veamos. 

Frente a este tremendo escándalo y vergonzoso papel a nivel nacional e internacional, el llamado congreso de mayoría derecha/izquierda conservadora y obtusa actuó como se sospechaba iba a hacerlo: la blindó, la protegió. No admitió a debate las dos mociones de vacancia contra la presidenta, como anteriormente ya lo había hecho frente a los asesinatos de 49 conciudadanos. 

Aún más, en medio de todo el escándalo, se otorgó el voto de confianza al llamado “Gabinete Rolex”, sin pudor alguno. Esto no quiere decir que no exista una alianza entre la presidenta de la República y el congreso. No hay alianza. Si no que ambos son parte de la cosa nostra. Etimológicamente, cosa nostra significa “cosa nuestra”. Hay un “nosotros” entre el ejecutivo y el llamado congreso, que garantiza la impunidad y el beneficio mutuo (por ejemplo, los viajes de Dina al extranjero contrarios a lo que señala la Constitución pero que el Congreso le concede). 

Por otra parte, las ampliaciones presupuestales por millones que el Ejecutivo otorga al llamado congreso, fuera de su presupuesto aprobado. La cosa nuestra es una comunidad, una asociación de protección mutua. La actuación de uno se complementa en el otro. El encanto está en que hay una discreción mutua, aparente, en las formas, pero llegado determinado momento, se deja a un lado el pudor y las buenas formas, porque estos remilgos son propios de almas distinguidas. Y ellos carecen de esa cualidad. Como son percibidos de este modo, y por muchas otras cosas más, Dina y Congreso, gozan de más del 90% de rechazo de la población, con solo 7% de aprobación.

La falta de escrúpulos en la actuación de ambos, Ejecutivo y el llamado Congreso, se asienta en esa cosa nostra. Que no es solo a nivel de la política, sino la parte más visible: Blindajes entre congresistas para los acusados de mochar sueldos a sus trabajadores, los llamados “niños”, congresistas acusados formalmente de formar parte de una organización criminal, la aprobación de la reelección inmediata de congresistas y la bicameralidad, ambos rechazados por el voto popular en referéndum del 2018, el control político del Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo. 

El proyecto de sujeción política de los organismos electorales (JNE; Reniec, Onpe) ante el Congreso, el propósito de remover a dos miembros, cuando no a toda la Junta Nacional de Justicia, sin ningún argumento válido, para controlarla, y, desde ahí, colocar y sacar magistrados y jueces a conveniencia, las argucias legales por el retorno de la ex Fiscalía de la Nación suspendida, Patricia Benavides, para continuar con el plan de copamiento y acabar de hacer de la democracia un remedo, el retroceso en la reforma de la educación universitaria y la carrera magisterial, en el que ambos coinciden. 

Todo eso son algunas pruebas de la existencia de ese “nosotros”. Que camina hacia asegurar el triunfo electoral de la derecha conservadora en el 2026, aferrarse a sus curules sin tener merecimiento, y desde ahí, garantizar la impunidad de Dina Boluarte, por las muertes de 49 compatriotas y otros delitos que están apareciendo. Así la cosa nuestra, la de ellos, continúa manteniéndose y creciendo.

En lo inmediato, es necesario que todo siga igual. Es necesario que Dina continúe como presidenta, porque en realidad es SU presidenta. Es la presidenta que representa los intereses de aquellos que perdieron las elecciones frente a Pedro Castillo. Ya lo han dicho abiertamente: “Nuestra Dina, tiene que seguir hasta el 2026”. Eso significa que pase lo que pase, haga lo que se haga; así la Fiscalía de la Nación encuentre delitos de enriquecimiento ilícito, así la acusen del delito de cohecho por la transferencia de cientos de millones de soles a favor del gobierno regional de Ayacucho para una obra presupuestada en 15 millones a cambio de los Rolex, no importa, ella continuará en el cargo. Hay tareas aún por cumplir. 

Por eso el Congreso actúa como su escudo protector. Y ella, a cambio, deja hacer, deja pasar todo lo que el congreso le plazca. Así funciona la cosa nostra, la causa común en el país. Eso no significa que no haya luz para lo nuevo. Conforme a la situación política de la señora. Dina Boluarte se agrava día a día, surgirán las ambiciones y vanidades personales desde el Congreso, creando fisuras en el “nosotros” del mal.

Se han perdido el pudor, el decoro y las buenas formas en la política. Y con eso se va instalando en la mayoría de la población el discurso, el juicio moral de indignación y asco. El asco es una emoción que opera en el registro moral de las culturas. El asco en términos culinarios es algo que no se puede pasar. En política no es solo algo que no se puede pasar, no es solo rechazo, sino que hay una determinada acción frente a aquello que es repugnante, por su peligrosidad, por su capacidad de contagiar, de contaminar. 

Esto es, si se quiere vivir civilizadamente. En tal sentido, el asco, es una advertencia. Esto puede llegar a pasar. El asco o lo asqueroso, en su ambivalencia, puede atraer o repeler. Por ejemplo, a algunos congresistas lo asqueroso les atrae. Consideran a este congreso como puerta de contención de “rojetes y caviares”, igual que aquellos que dicen “vamos con nuestra Dina hasta el 2026”. De continuar así, la batalla política de esta hora y las siguientes será una batalla con/por el decoro, la decencia, la limpieza, el buen gusto. Es decir, una cuestión nasal.
 
(1) Congreso corrupto y ladrón. Dina, asesina