Verónika debe asumir la gran transformación

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Por: 

Carlos Bedoya

Hasta que por fin Verónika Mendoza se animó a lanzar su precandidatura a la presidencia de la República. Lo celebro y la apoyo desde donde me toca porque creo que es la mejor carta que tenemos entre todas las precandidaturas voceadas y presentadas en los frentes izquierdistas para dar la pelea contra Keiko, PPK y Alan.

Verónika es una mujer capaz y de principios, sin embargo noto tanto en su video de lanzamiento como en sus primeras entrevistas que no está tan convencida de ser la presidenta del Perú. Y con todo cariño le digo que eso es fundamental para encarar la lucha en la que se ha metido, para enganchar con el electorado de cambio que hizo pasar a Humala dos veces a segunda vuelta y que en buena cuenta la llevó al congreso por el Cusco.

No la he escuchado decir convincentemente que quiere ganar las elecciones ciudadanas del Frente Amplio, ni mucho menos decir que desea con toda su alma gobernar el Perú. Ni siquiera un simple: voten por mí para para retomar la gran transformación que dejó pendiente Humala.

Verónika Mendoza está donde está porque representa ese cambio profundo que comienza con ponerle fin al Estado neoliberal del rol subsidiario, de los contratos-ley que nos ponen de rodillas frente a la inversión privada, y que otorga la propiedad de los recursos naturales a las transnacionales. Ese en el que mandan banqueros y mineros, y que está infestado por una tecnocracia al servicio de los ricos manteniéndonos como una economía primario exportadora de bajos salarios e informalidad.

Pero me da la impresión de que Verónika ha elegido saltarse la Gran Transformación con garrocha y pasarse de frente a la Hoja de Ruta. Al menos así se desprende de su principal mensaje de campaña que dice que debemos aspirar a un país en el que “todas y todos tengan las mismas oportunidades, derechos y deberes”. Eso, junto con su eslogan “hagamos juntos un país diferente” bien podría ser suscrito hasta por PPK.

Y no quiero decir que no busque la amplitud electoral, pero creo que se equivoca al no marcar desde el saque su campo político corriendo el riesgo de ser aplastada. Al no tener ni plata, ni medios, ni generales, ni policías, ni jueces, ni fiscales, ni siquiera una organización política sólida y aceitada, lo único que podría oponer en política es a la masa indignada que sufre las consecuencias de un Estado privatizado.

Verónika tiene el reto de conectarse con ese pueblo que va mucho más allá de Sembrar, el FA y todas las izquierdas, con un electorado que fue traicionado por Ollanta y Nadine, y que espera a una brava que ponga el pecho contra los que mandan.

Ollanta no tenía formación política, solo ganas de ser presidente y eso le bastó para conectar con la plebe. Verónika aún está a tiempo de hacer eso, unificar a la izquierda quitándose todo sectarismo de encima, morder lo más que pueda el 30 por ciento del voto del cambio, pasar a segunda vuelta, jalar al centro y ser la presidenta.

Publicado en el Diario Uno.

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