Que se vaya PPK

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EDITORIAL

“Esos son cuentazos” dijo el presidente de la República Pedro Pablo Kuczynski cuando le preguntaron si estaban comprando votos para salvarlo de la vacancia que se discutiría este jueves. 

No pasó ni mediodía y una serie de videos mostraba a sus nuevos aliados, los legisladores kenjistas ofreciendo obras, dinero y dádivas a su colega puneño Moisés Mamani a cambio de modificar su voto y no apoyar la vacancia.

Los videos, que nos recordaron, el peor momento de la dictadura fujimorista del 2000, no dejan dudas de lo que debe ocurrir en las próximas horas: PPK debe dejar la presidencia cuanto antes.

No solo porque el negociado, que Mercedes Aráoz ha negado como se esperaba, es evidente; sino porque demuestra que el mandatario es una persona con la incapacidad moral que tanto quieren comprobar. 

No tiene capacidad moral porque no concibe la diferencia entre lo estatal y lo privado, considera que sus acciones en un espacio no afectan al otro y que forman parte de lo mismo, de un todo.

No reconoce la línea que separa el dinero del Estado con el propio y maneja cuentas entregando dinero y cobrando asesorías como si se tratase solo de un par de negocios de su “banquito”.

Es incapaz moralmente, desde el momento que negó las relaciones con Odebrecht  y cuando habló de la “Muralla china” que supuestamente puso entre sus empresas y sus despachos gubernamentales. 

Su moralidad es discutida cuando no reconoce la mentira, cuando no le tiembla la voz para decir en campaña que no indultaría a un exdictador preso por homicidio y cuando su cabeza está en juego, negocia con el hijo del reo para entregar la libertad a cambio de permanecer a toda costa.

Y quienes lo acompañan también mienten y son incapaces de reconocer que todo lo que han hecho está mal. Ni Kuzcynski, ni Araoz, ni Kenji Fujimori han pedido perdón por lo que hemos visto. Y si alguna esperanza le quedaba, los que hoy se abstienen o se niegan a votar por la vacancia deberán hacerlo a favor si es que no quieren que la sospecha recaiga sobre ellos. 

La suerte de PPK está echada. Si no asume con lo que le queda de dignidad, la opción de la renuncia, tendrá que ser humillado con la vacancia, el despido vergonzoso de quién ha tocado fondo.

Lo lamentable de esto es que los vaivenes de PPK, sus errores y mentiras han provocado que los fujimoristas, los keikistas, aparezcan como los grandes defensores de la honradez y la lucha contra la corrupción, cuando su ideología, su partido, su familia fueron protagonistas de la década más vergonzosa desde que se recuperó la democracia, allá por 1980. 

Que no piense el fujimorismo –el de Keiko y el de Kenji- que esto los libera de la enorme responsabilidad que tienen en esta crisis, con su sabotaje permanente al gobierno desde el primer día, con sus vendettas particulares que incluyeron al presidente. Son tan responsables como el mismo Kuzcynski y deberían evaluar también si se van junto a él. 

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