Interoceánica del Sur, el proyecto vial más entreguista de la historia de la República

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Por: 

Gustavo Guerra García

Desde el 2005, el poder corruptor de las empresas brasileras logró que el gobierno del Perú pase de las obras a las Mega Obras. Eran los últimos años del gobierno de Alejandro Toledo y se buscó aprovechar el deseo de las poblaciones de Cusco y Puno para sacar adelante un proyecto que favorecía más a los proveedores que a los ciudadanos. La Interoceánica del Sur fue la obra que cerró la ecuación, permitió enormes ganancias a las empresas brasileras a costa del erario público peruano y le permitió a Alejandro Toledo subir su aprobación en todo el Sur del Perú. La Interoceánica del Sur es una obra en la que, según estudios auspiciados por la propia Odebrecht, se generaron beneficios por US$1,900 millones, pero los costos ascienden a US$5,000 millones sumando inversión, conservación y emergencias. Perdimos US$3,100 millones. Hubo muchísimas irregularidades en la Interoceánica del Sur. Todas ponían en posición de indefensión al Estado y fueron señaladas. Las irregularidades estuvieron sobre la superficie y no requerían más investigación que mirar las bases y el modelo de contrato. La Contraloría General de la República nunca hizo nada efectivo y tampoco la fiscalía. Felizmente hoy se respiran otros aires en las instituciones de control y de justicia. 

En el 2005, escribí un artículo en PERU21 señalando las graves irregularidades que se generaron en la Licitación de la Interoceánica del Sur y propuse medidas correctivas que no fueron adoptadas. Lo primero que llamó la atención del proceso fue que era un proyecto que no estaba en las prioridades del Plan Intermodal de Transportes del MTC. 

Luego fue muy notorio que los formuladores del proyecto habían inflado los beneficios para justificar una inversión alta en concreto asfáltico en una zona en donde el propio estudio de factibilidad proyectaba que en 10 años iban a pasar sólo 88 camiones. 
Para justificar las inversiones se predijo que Madre de Dios se convertiría en una potencia agrícola con una cédula de cultivos con una rentabilidad promedio de 85%, en la época en que el cultivo más rentable de la costa era el ají paprika con 30%. Es decir, se falseó la información para sobredimensionar el proyecto. 

Posteriormente, para evitar que las oficinas técnicas de inversiones del MTC y del MEF revisaran el proyecto, el mismo fue exonerado del SNIP cuando PPK era Ministro del MEF. 

El gobierno, con PPK de presidente de Proinversión, decidió hacer la licitación sin el estudio definitivo de ingeniería a pesar de que su presupuesto equivalía a cinco veces el gasto de inversión del MTC de la época. Como consecuencia, como se señaló en el artículo del 2005, se realizó una licitación a ciegas: el estado no sabía cuánto costaba la obra. 

Lo siguiente extraño fue que se dividió la obra de cerca de US$890 millones en sólo tres tramos, imposibilitando por las exigencias de la licitación que los postores puedan ser liderados por empresas peruanas. 

Luego ocurrió lo más sorprendente: se puso una cláusula –en mi opinión ilegal- que anulaba el presupuesto de la obra que era fruto de la licitación y se establecía en la adenda del contrato  que el presupuesto final se establecería a partir de los estudios definitivos de ingeniería que debían ser presentados por los concesionarios y revisados por Ositran. Así se implementó el contrato de obra vial más entreguista de la historia de Sudamérica. Cinco años después la obra se ejecutaba por más del doble del presupuesto.  

Para sacar adelante la Interoceánica del Sur como sea, se engañó a todos. El propio PPK declaró que el corredor iba a unir al Perú con las zonas económicas más avanzadas del Brasil y que se exportaría soya brasilera por los puertos peruanos. Nada de eso ha ocurrido y todos los sabíamos. Hoy el comercio internacional por Iñapari no alcanza ni US$12 millones anuales.

Las decisiones de política pública en relación a la Interoceánica del Sur eran tan equivocadas que no es extraño que hoy sepamos que fueron lubricadas por un sistema de sobornos que se conocen por la capacidad e independencia de los sistemas judiciales y fiscalías de Brasil, Suiza, el Reino Unido y los EE.UU. Pero, por mucho tiempo no existieron pruebas que hoy sí tenemos. 

A pesar de todos los problemas señalados, esta es una buena época para Latinoamérica y el Perú. Hace 13 años, cuando denuncié las irregularidades del proyecto de la Interoceánica del Sur, yo no pensé que iba a vivir para ver presos a los cinco presidentes del cartel de empresas brasileras y luego obligadas a denunciar a los líderes políticos corruptos de todo el continente. Si la Fiscalía logra que pasemos de la información del financiamiento de campañas a los temas de sobornos, caerán todos los que corresponde que sean imputados y, por una vez, se habrá golpeado de forma definitiva al más grande agente de gran corrupción en Perú. Estamos en el inicio de una primavera anticorrupción y casos tan graves como el de la Interoceánica del Sur, esperemos que no se vuelvan a repetir.

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