España: la afirmación del eje izquierda-derecha

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Por: 

Javier Franzé

En España, el Partido Socialista de Pedro Sánchez podría gobernar con Podemos tras las elecciones del 28 de abril. La extrema derecha representada por Vox no obtuvo el resultado esperado, el Partido Popular comienza a hundirse y Ciudadanos, la fuerza de la derecha liberal, queda en una posición tan fuerte como irrelevante. España afirma el eje izquierda-derecha y el triunfo de las alternativas constructivas y «centradas». Ha terminado el momento populista.

La principal conclusión de las elecciones del 28 de abril es que tras un gran y tortuoso rodeo, España ha vuelto fundamentalmente a donde estaba: afirmación del eje izquierda-derecha y triunfo de las alternativas constructivas y «centradas». Por lo tanto, es el definitivo fin del momento populista —si es que alguna vez existió— y una prueba más de que en política se trabaja sobre lo sedimentado, no sobre su derrumbe. Lo sedimentado en España es el imaginario de la Transición, que ha resistido en este caso el embate de la derechización del Partido Popular (PP) y la amenaza reaccionaria de Vox.

Es cierto que ahora el bipartidismo atenuado ha sido reemplazado por un sistema pentapartidario, pero esta fragmentación puede ser absorbida por el discurso de la Transición en su marco originario que consagra el pacto, el diálogo y el consenso como epítomes de la democracia.

El triunfo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de su líder Pedro Sánchez, es el reverso acabado del inédito hundimiento del PP y de Casado. Si uno ganó por el «centro» progresista, aplicando el discurso de la Transición, el otro perdió por su giro derechista y su estrategia destructiva, exagerada, alarmista y agresiva. El discurso de Vox no logró permear en el electorado de los partidos de la Transición.

El PP tiene difícil salida: al menos para sus partidarios, viene de «sacar a España de la crisis» y de una reciente «renovación» del partido basada en un cambio de línea política. Así que le quedan pocas cartas por jugar. La dirección actual no tiene credibilidad para girar al «centro», lugar que rechazó para ganar la interna y a la vez no asoma ningún reemplazante que pueda desandar el camino. Núñez Feijóo, que hace menos de un año eligió Galicia como prioridad, perdió también allí ante los socialistas. Así, Casado ganará tiempo hasta las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo, pero no parece que allí encuentre descanso ni alimento.

Vox no ha resultado lo que se esperaba. El alboroto alrededor de su emergencia, tanto de la izquierda como de la derecha, no tenía bases firmes. Se confirma que lo de Andalucía no era extrapolable al resto del país. Vox ha envejecido en la misma noche electoral, tras el triunfo de Sánchez. El discurso «resistente» dirigido a sus partidarios tras conocerse los resultados fue una sobreactuación más con vocación y destino minoritarios.

Vox ha dividido y aislado a la derecha y ha movilizado a la izquierda. Si las fuerzas de centroderecha captan esto, deberán trazar un cordón sanitario sobre Vox para garantizarse la propia supervivencia, sólo posible a la sombra del discurso de la Transición. En ese sentido, está en duda que la política de bloques vuelva a estar protagonizada en el futuro por las tres formaciones de derechas, porque Vox representa un imaginario no sumable al de Ciudadanos y PP (como en su día fue IU con el PSOE).

Podemos ha bajado mucho, perdiendo una seña de identidad original, su vocación ganadora, no testimonial. Pero puede maquillar la situación con su aporte a la «gobernabilidad» progresista. Pablo Iglesias tiene una oportunidad impensada: ya cuenta con un partido unificado alrededor de su liderazgo y se le abre la oportunidad de ayudar a un gobierno progresista. La sonrisa del destino ha cambiado de vereda.

Para aprovechar esta situación debe dejar de lado el afán pedagógico tradicional del espacio a la izquierda del PSOE, que entiende que su misión es mostrarle a la sociedad lo que debería hacer una verdadera izquierda. Esto generará más recelo en las bases del PSOE, parte del cual se revirtió con la moción de censura. El derrotero ideológico hacia la mímesis con IU replicará también su exiguo peso electoral y político.

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