Una España que vuelve a ser excepción en Europa

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Por: 

Laura Arroyo Gárate

En las pasadas elecciones del 28 de abril se logró poner freno, después de una de las campañas más duras, intensas y polarizadas, al avance de la extrema derecha (VOX) y las derechas del Partido Popular y Ciudadanos que se extremaron con el fin de no perder votos. El voto ciudadano, movilizado por el temor a las derechas de los recortes pero también de retroceso en derechos y libertades, se movilizó de manera histórica y logró ponerles freno marcando el camino hacia un gobierno de coalición progresista. Este resultado hace un mes era ya excepcional en Europa. Ayer, en las elecciones municipales, autonómicas y europeas, España ha vuelto a dar este afortunado mensaje.

El 28 de abril quedó claro que mientras que la extrema derecha crece sostenida y peligrosamente en Europa, la España del 15M y del 8M no había sido ejemplo mundial de revolución ciudadana y popular en vano. VOX -la agrupación de extrema derecha en España- lograba entrar en el Congreso de los Diputados con 24 representantes, pero no lograba que esta cifra pudiera sumarse a los escaños del Partido Popular y Ciudadanos para reeditar un gobierno como hicieron en Andalucía tras los resultados del 2 de diciembre pasado. Un pacto de derechas que, por cierto, también resulta una excepción en Europa donde los partidos de derecha tradicionales han preferido apartarse de las formaciones de ultraderecha y se han opuesto a blanquearlas mientras que en España se opta por normalizar su discurso reaccionario.

La campaña de cara a las elecciones de ayer se ha dado en tres claves, sin embargo, la atención se ha centrado en las elecciones municipales y autonómicas pues las elecciones europeas han seguido viéndose tan lejanas como siempre. Pero las fechas le han jugado a favor. Debido a la coincidencia en las fechas, el nivel de participación en las europeas ha aumentado hasta 15 puntos con respecto a 2014. Este dato que en España encuentra su causa principal en la coincidencia, no es aislado: España, Francia, Alemania e Italia han contado con mayor participación en estos comicios europeos que en los anteriores. Esto no es casual en una Europa donde las fuerzas euroescépticas (o eurófobas) y ultraderechistas han ido en ascenso.

Volvamos a la excepción española: a diferencia de sus pares europeos, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha logrado liderar, con mucha diferencia, los resultados (32,83%). De esta manera se constituye como uno de los pocos países en la región donde la tendencia a la baja de las formaciones socialdemócratas se revierte. Este dato no es menor. A la par que en Francia los socialistas conseguían los peores resultados europeos hasta la fecha (6,5%) y en Alemania perdían aproximadamente 12 puntos porcentuales -por citar dos ejemplos- en España la socialdemocracia mantiene fuerza y liderazgo, entre otras cosas, debido al gobierno liderado por Pedro Sánchez, producto de la moción de censura que echó a Mariano Rajoy y viró el tablero político español en 180 grados hace un año.

Una España que sostiene el pulso del progresismo en Europa, con mayor o menor acierto, permite que se consolide una referencia y alternativa en la región donde Le Pen (24%) lidera en las urnas francesas, Merkel en las alemanas (la coalición CDU-CSU tendría alrededor de 27,5%), Salvini en Italia (entre 27 y 31%) y hasta Nueva Democracia en Grecia le sacaría más de cinco puntos a Syriza forzando a Alexis Tsipras a adelantar una convocatoria electoral. Como vemos, ser una excepción en esta Europa resulta importante, sobre todo tomando en cuenta que VOX, la fuerza de extrema derecha española, ha entrado en Bruselas, pero lo ha hecho con apenas tres escaños. Un golpe a esta formación que aspiraba a continuar el camino de sus pares europeos. España sigue siendo un importante freno a la tendencia reaccionaria en la región.

Podemos atribuirle al 15M y al 8M español el freno a la ola reaccionaria, pero hay ahora también una nueva variable. La politización ciudadana producto del 15M a permitido que la movilización del electorado contrario a las derechas sea significativo y la potencia del feminismo en España ha sabido impugnar a las fuerzas conservadoras machistas, pero en la misma línea, hoy podemos hablar también de la fuerza del ecologismo. La presencia de las formaciones verdes resulta fundamental en el tablero político europeo después de este domingo. No en vano ocupan el tercer lugar en Francia -por encima de las fuerzas de izquierda y derecha tradicionales- y el segundo en Alemania, por encima de la extrema derecha (AfD) y los socialdemócratas. Las formaciones verdes cuentan con un electorado juvenil al alza que durante los últimos meses ha protagonizado las movilizaciones contra el cambio climático (#FridaysForFuture) y que ha logrado poner en agenda la defensa del medioambiente de forma contundente. Pasan de ocupar 50 escaños en 2014 a 69, lo que les permitiría ser un complemento necesario para construir una mayoría en alianza con otras fuerzas políticas en Bruselas.

Visto el panorama, todo podría indicar que España tiene entre sus manos, con el PSOE como protagonista, la posibilidad de construir una referencia y una alternativa. Sin embargo, toca también dar una señal de alerta. Así como ayer en las urnas se ha expresado una voluntad mayoritaria de izquierdas -tanto en las elecciones europeas, como en la mayoría de los municipios españoles- el 28 de abril no puede ser obviado. Mientras que los ojos están atentos a las cifras en las ciudades, ayer también se ha podido dar un mensaje en clave estatal. A Pedro Sánchez sus propias bases le pidieron no pactar con Albert Rivera. Lo hicieron al grito de “con Rivera, no” en la sede de Ferraz. Pero ayer, a minutos de conocer los resultados municipales, autonómicos y europeos, Pedro Sánchez se dirigió a la ciudadanía tendiendo la mano a Ciudadanos y pidiendo a su líder, Albert Rivera, que levantara el cordón sanitario que tiene contra el PSOE. Este mensaje podría resultar contraproducente para una España que podría ser alternativa, pero que de reeditar un pacto PSOE-Ciudadanos no haría otra cosa que sostener las políticas de austeridad y recortes que sirven, justamente, de caldo de cultivo para la extrema derecha que hoy ha sido frenada, pero mañana podría no serlo. Toca estar alertas a los próximos movimientos en Moncloa. La oportunidad de una España de progreso podría pender de un hilo o, peor aún, de una llamada telefónica hacia el aliado incorrecto.

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