Disolver el Congreso. Versión 2.0

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El peor temor de fujimoristas, apristas y otros, se hizo realidad anoche. Y fue gracias a ellos. Su miedo a convertir nuestro país en una nación “chavista” fue finalmente obra y acción del disuelto Parlamento cuyos miembros, liderados por Pedro Olaechea, se han negado a asumir su realidad.

Con el “nombramiento” de Mercedes Aráoz como “Presidenta encargada” de la Nación nos colocaron al nivel de la crisis gubernamental del país llanero, todo por priorizar sus intereses, su agenda propia que busca, a toda costa, traerse abajo las investigaciones anticorrupción y seguir promoviendo un modelo económico y político que no resiste más.

Lo que se debe aclarar es que en el país no existen “dos presidentes”, lo que hay es un presidente que ha disuelto el Congreso y una vicepresidenta que optó por dejarse “reconocer” por un parlamento disuelto y cuyos actos dejan de ser válidos. Todo lo que se ha dado después del mensaje presidencial, carece de respaldo legal.

Te disuelvo y me suspendes

Una carrera contra el reloj fue lo que ocurrió en la víspera cuando el presidente Martín Vizcarra dio su mensaje a la Nación. En paralelo, y alertado del discurso, el presidente del Congreso suspendió el debate de la cuestión de confianza y procedió a votar su aprobación, para así dejar sin argumentos al presidente. Por segundos, Vizcarra les ganó por puesta de mano.

Este acto desesperado y la posterior suspensión del presidente –tras no alcanzar los votos necesarios para la vacancia- solo han marcado el final de un proceso que se veía venir desde hace varios meses y que empezó al día siguiente de la segunda vuelta del año 2016, cuando la hoy presa lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori no aceptó su derrota frente al hoy procesado Pedro Pablo Kuzcynski.

Los vaivenes de la política, las revelaciones del caso Lava Jato, los arrestos, los suicidios y los nombres que faltan por venir, marcaron el derrotero de una crisis política que iba “in crescendo” mientras que la legitimidad del Legislativo iba cuesta abajo.

La pantomima de una “presidenta” encargada es solo el punto final de este declive que hoy nos pone en una situación extrema.

¿Quién gana y quién pierde?

El respaldo de la calle y de los jefes de las fuerzas armadas y policiales le da a Martín Vizcarra un aire para poder continuar, hasta aquí el sigue siendo el gran “ganador” de la jornada. El fujimorismo solo debe esperar que el Tribunal Constitucional, aún vigente, pueda darle la libertad a Keiko Fujimori. Caso contrario, esperar hasta abril para salir de prisión.

Esta fisura en el sistema puede ser, debería ser, la oportunidad para replantearnos todo, promover una nueva lectura constituyente, repensar el modelo económico y de una vez por todas apostar por el cambio, ese que el neoliberalismo no deja pasar.

Hoy estaremos a la expectativa de lo que ocurra en el país.

 

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