No al show, sí a las soluciones

Por: 

Julio Schiappa

Los debates presidenciales del lunes 30, martes 31, miércoles 1 de abril, representan la última alternativa para que los aspirantes a la Casa de Pizarro demuestren si poseen la estatura de estadista necesaria para conducir al Perú hacia una transformación real.

En un contexto marcado por la desilusión ciudadana y la urgencia de soluciones palpables, la retórica vacía de "mano dura" o las promesas gaseosas de cambios constitucionales ya no son suficientes.

El país demanda una hoja de ruta técnica, audaz y, sobre todo, ejecutable. A continuación, se desarrolla un análisis profundo de las cinco medidas estructurales que podrían cambiar el destino de la nación si se asumen con voluntad política y rigor técnico. Un NO al show, un SI a las soluciones.

1. Seguridad de Segunda Generación: El Fin del Empirismo Policial

La inseguridad ciudadana ha evolucionado hacia formas de criminalidad organizada transnacional que el Estado peruano aún intenta combatir con herramientas del siglo pasado. La propuesta de una Reingeniería Territorial y Seguridad de Segunda Generación debe partir de una premisa clara: la información es el arma más letal contra el crimen. La creación de una Unidad Nacional de Inteligencia Criminal que unifique, en tiempo real, las bases de datos de la Policía Nacional del Perú (PNP), el Ministerio Público y el Poder Judicial, permitiría cerrar la brecha de impunidad que hoy aprovechan las bandas delictivas.

Sin embargo, ninguna tecnología será efectiva si el capital humano está precarizado. La eliminación definitiva del sistema 24x24 es el paso más urgente para profesionalizar la fuerza pública. Mediante la implementación de un bono de exclusividad laboral policial, el Estado recuperaría el control total sobre sus agentes, garantizando que su lealtad y energía estén enfocadas exclusivamente en la protección del ciudadano. Esta reforma, complementada con una Unidad de Inteligencia Migratoria que utilice biometría avanzada, permitiría golpear el corazón de las economías ilegales, como la extorsión y el préstamo "gota a gota", que hoy asfixian el crecimiento de las micro y pequeñas empresas (MYPES) en cada rincón del país.

2.Infraestructura con Autonomía: Blindar el Desarrollo Nacional

El Perú enfrenta una brecha de infraestructura que no solo se mide en cemento, sino en competitividad. Actualmente, los costos logísticos en el país casi duplican el promedio de la OCDE, lo que actúa como un impuesto invisible para nuestros productores. Para revertir esto, es imperativo crear una Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) con autonomía constitucional, sin corrupción, siguiendo el exitoso modelo de gobernanza del Banco Central de Reserva (BCRP).
 
Esta entidad tendría la misión de blindar los grandes proyectos estratégicos —como las líneas del Metro de Lima, el Tren del Norte y los complejos portuarios de Chancay y Corío— de las interferencias políticas y la corrupción sistémica que suele permear los gobiernos regionales.

Al despolitizar la gestión de la infraestructura, el Perú podrá finalmente concretar corredores logísticos integrados y parques industriales, que dinamicen las exportaciones no tradicionales y generen polos de desarrollo fuera de la capital, convirtiendo al país en el hub logístico natural del Pacífico Sur.

3.Salud Digital: Hacia un Sistema de Aseguramiento Universal Efectivo

El colapso crónico del sistema de salud peruano es el resultado de una fragmentación ineficiente entre el MINSA y ESSalud. La propuesta transformadora para este debate debe ser la unificación del sistema bajo un modelo de Redes Integradas, donde la soberanía del paciente esté por encima de la burocracia institucional. La herramienta clave para lograrlo es la digitalización total a través de la Historia Clínica Electrónica Nacional.

Este sistema permitiría que cualquier ciudadano sea atendido en establecimientos públicos o privados con cargo al fondo del Estado, eliminando las humillantes colas de madrugada. Además, la centralización de datos facilitaría una compra corporativa de medicamentos a precios internacionales, utilizando el volumen de demanda del Estado para negociar mejores condiciones y terminar, de una vez por todas, con el desabastecimiento de farmacias que afecta a los pacientes crónicos y de escasos recursos.

4.El Monotributo Digital: La Llave de la Formalización

Con una informalidad superior al 70%, el sistema tributario peruano se ha convertido en una "jungla" de regímenes que castigan el crecimiento. La propuesta disruptiva para este lunes debe ser la implementación de un Régimen Tributario Úico y Progresivo que reemplace el actual desorden administrativo. El eje de esta reforma es el "Monotributo Tecnológico".

Al integrar el pago de impuestos de forma automática mediante transacciones digitales — aprovechando la masificación de herramientas como Yape o Plin—el Estado no solo simplifica la vida del emprendedor, sino que crea un historial de pagos que funciona como un scoring crediticio automático. Esto permitiría que las MYPES accedan a tasas de interés competitivas (entre 5% y 10% anual), rompiendo las cadenas de la usura informal y los intereses prohibitivos de la banca tradicional, inyectando así liquidez directa al motor de la economía nacional.

5. Educación para el Futuro: El Salto a la Economía del Conocimiento

Finalmente, el sistema educativo peruano debe dejar de mirar al pasado y alinearse con la Economía del Conocimiento. La propuesta de una formación técnica dual en la secundaria
 
busca que cada colegio del país cuente con una especialidad certificada en áreas de alta demanda, como IA, programación, agro tecnología de precisión o mecánica avanzada.

En alianza con el sector privado, este modelo garantiza que los jóvenes egresen con competencias bilingües y digitales, listos para ocupar los puestos de trabajo que generarán los nuevos nodos logísticos del país. No se trata solo de otorgar títulos, sino de dotar a las nuevas generaciones de las herramientas necesarias para competir en un mercado laboral transformado por la inteligencia artificial y la automatización.

Conclusión

Las propuestas aquí analizadas representan un cambio de paradigma: pasar de la política del show a la política de los resultados. El domingo 12 de abril, el electorado peruano evaluará quién tiene la capacidad técnica para ejecutar estas reformas estructurales. El próximo 28 de julio no solo marca un cambio de mando, sino la oportunidad de iniciar una reingeniería del Estado que devuelva la seguridad, la salud y la prosperidad a todos los peruanos. La transformación es posible, pero requiere de candidatos dispuestos a abandonar el populismo y la corrupción, en favor de una gestión pública efectiva y visionaria.

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