Cuba y el futuro de nuestra américa
Alberto Adrianzén M.
Apenas dos días antes del inicio de la Cumbre convocada por Trump en Miami, que lleva por nombre escudo americano, a la que fueron invitados doce presidentes de América Latina, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa anunció, sorpresivamente y sin argumentos, la expulsión del Embajador cubano y de todo el cuerpo diplomático de ese país.

La expulsión del Embajador Antonio García, además de ser un ataque contra Cuba, era también un apoyo abierto y anticipado a lo que Trump anunciaría días después en la Cumbre de Miami. Esto es: el control total y la militarización de América Latina, la lucha contra los carteles de la droga, y la construcción de una alianza multilateral ante la estrategia comercial de Beijing en América. A ello se suma el apoyo a la guerra de EEUU e Israel contra Irán, el fin de Cuba por las buenas o por las malas como dijo Trump, y finalmente lo que invocó el secretario de Guerra Pete Hehgsesth: construir la Gran Norteamérica que significa una alianza política y de seguridad de Estados Unidos con algunos países latinoamericanos. Lo curioso fue lo que dijo el Secretario de Guerra que la Gran Norteamérica comienza en Groenlandia, pero no sabe dónde termina.
Dicho de otra manera, se trata de construir una nueva relación con los países de América Latina y el Caribe, ya no sobre base del respeto al derecho internacional, la soberanía y la independencia de cada país, sino en su conversión en “Protectorados” de EEUU, como viene sucediendo hoy día con Venezuela, cuya presidenta ha llegado a calificar a ese país como “amigo y socio”. Y finalmente convirtiendo a Trump en el "dueño" de las políticas externas e internas de sus aliados.
Es pues el regreso a una nueva colonialidad en pleno siglo XXI. Por ello es fundamental seguir defendiendo el derecho a la independencia y la soberanía de Cuba y de todos los países de América Latina, más allá de las diferencias o acuerdos que tengamos hoy con el proceso cubano, para que la luz que apareció en 1959 no se apague y que la reconstrucción y los cambios que resultan indispensables sean una tarea de los propios cubanos y en general de los latinoamericanos. A esta Cumbre el Perú fue invitado pero el cambio de presidente y problemas internos impidieron su asistencia.
Nota Final: El conflicto diplomático del Perú con Cuba y México
Sería bueno preguntarle a la Cancillería peruana cuándo tendremos un nuevo Embajador o Embajadora cubano en el país. El embajador Carlos Zambra se fue en octubre del año pasado tras una serie de rumores promovidos por la ultraderecha, que lo acusaban de hacer política en el Perú. Lo cierto es que su partida fue todo un misterio. El comunicado emitido por Torre Tagle no fue nada claro ya que decía que su salida “en forma definitiva” se produjo luego de una conversación entre el Vicecanciller y el embajador cubano, afirmación que la Embajada de Cuba negó. Lo cierto es que hasta ahora, oficialmente, no contamos con un nuevo embajador cubano en el país. Me pregunto si ello se debe a una nueva política del Canciller Hugo de Zela, encarnizado anticomunista y de posturas de derecha como quedó demostrado en su paso por la OEA.
Por último, cabe preguntarnos también cuándo vamos a solucionar nuestras diferencias con México. Mantener a Betsy Chávez asilada en la Embajada mexicana, varios meses sin respuesta sobre su situación legal, es un mal precedente para el país. De un tiempo a esta parte Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú se parece cada vez más a la diplomacia del presidente ecuatoriano Daniel Noboa, aficionado a asaltar embajadas extranjeras, como sucedió hace un par de años cuando ordenó el allanamiento de la sede diplomática mexicana en Quito durante la crisis que derivó en el llamado Asalto a la Embajada de México en Quito de 2024.
La diplomacia peruana, históricamente respetuosa del derecho internacional y del asilo diplomático, no debería deslizarse por esa pendiente. Recuperar la prudencia y el apego a las normas que han guiado tradicionalmente a Torre Tagle no es solo una cuestión de forma, sino de credibilidad internacional y de respeto por principios que el propio Perú ayudó a construir en el sistema interamericano.
