El futuro es eléctrico
Julio Schiappa
Los candidatos no le hablan a la gente de cómo vivir mejor, por eso y los pecados de Dina Boluarte, amplificados por José Jeri generan escepticismo y rechazo hacia las elecciones 2026. Un ejemplo es el tema del cambio energético proponiendo una vía rápida para superar el gas y arrancar a cocinar con luz eléctrica. Espero sea un electro shock en esta sosa campaña.

¿Alguna vez te has detenido a pensar por qué seguimos cargando balones de gas de 10 kilos por las escaleras si ya tenemos cables de luz llegando hasta el último rincón del cerro o de la selva? La imagen del repartidor de GLP subiendo empinadas calles de San Juan de Lurigancho o Bayóvar se ha vuelto tan cotidiana que dejamos de cuestionarla. Pero los números revelan una verdad incómoda: hoy, más del 94% de los peruanos tiene electricidad en sus hogares, mientras que solo el 21% de la población nacional disfruta de gas natural por red, según los últimos datos del sector. En Lima, la cobertura de gas natural alcanza apenas el 54% de la ciudad, y en el resto del país la cifra es aún más modesta.
La promesa de la masificación del gas natural ha chocado contra una realidad tozuda: romper pistas, tender tuberías bajo escaleras de concreto y perforar cerros es caro, lento y técnicamente complejo. El proyecto piloto "Laderas" de Cálidda, que busca llevar gas a las zonas altas de Lima, requirió dos años de coordinaciones para conectar apenas 39 hogares en su primera etapa, con una meta de 400 familias cuando se completen las cuatro fases. Mientras tanto, la red eléctrica ya está tendida, funcionando, lista para usarse. La pregunta que deberíamos hacernos es obvia: ¿por qué no la aprovechamos para todo?
Cocinar con luz sí ahorra, y mucho
Mucha gente le tiene miedo al recibo de luz, pero esa desconfianza proviene de la época de las viejas resistencias eléctricas que se ponían rojas y consumían un dineral. La tecnología de inducción cambió las reglas del juego por completo. A diferencia del GLP, donde el 60% del calor se pierde en el ambiente por ineficiencia de la flama, las cocinas de inducción aprovechan entre el 85% y 90% de la energía porque calientan directamente la olla mediante magnetismo, no el aire que la rodea. Esto significa que hierve el agua en la mitad de tiempo y con menos energía.
Hagamos las cuentas con datos reales. Un balón de GLP de 10 kilos cuesta hoy entre 50 y 65 soles, dependiendo del distrito y la marca. Según cálculos técnicos de Osinergmin, ese mismo balón equivale energéticamente a aproximadamente 60 kWh. Una familia tipo con consumo mensual bajo paga la electricidad a unos 50 céntimos por kWh, lo que significa que cocinar con inducción le costaría entre 30 y 42 soles mensuales. El ahorro es inmediato: de 15 a 30 soles menos por mes, solo en el gasto de cocción. En un año, esos son 180 a 360 soles que dejan de salir del bolsillo. Y eso sin contar los costos ocultos del GLP: el tiempo perdido yendo a recargar el balón, el riesgo de explosiones por válvulas deterioradas, o la angustia de quedarse sin gas a mitad de preparar la cena.
El Ministerio de Energía y Minas ya lo entendió. En 2025 lanzó un programa piloto de cocinas de inducción en seis ciudades del país, incluyendo Cusco, Arequipa, Piura y Pucallpa, beneficiando a 60 familias que están midiendo en tiempo real estos ahorros. Los resultados preliminares confirman lo que la física ya anticipaba: más eficiencia, menos gasto, mayor seguridad. No hay llamas expuestas, no hay fugas de gas, no hay preocupación por dejar la válvula abierta. Si el Estado impulsara un plan masivo de recambio, el balón de GLP pasaría a ser una pieza de museo en pocos años.
El transporte que no encarece el pasaje
El gran cambio también está en la calle. El transporte público eléctrico es exactamente la medicina que Lima y las regiones necesitan, y no solo por razones ambientales. Un bus eléctrico no vibra, no hace ruido y no escupe humo negro. Pero lo que realmente importa para el bolsillo de los transportistas y, eventualmente, de los pasajeros, es que cuesta una fracción operarlo en comparación con el diésel.
Los números son contundentes. Según el estudio de replicabilidad del primer bus eléctrico de Lima, operado por Enel X, el ahorro diario frente al gasóleo alcanza los 28 dólares, y frente al gas natural vehicular los 10 dólares. En un mes, eso se traduce en 840 dólares de ahorro comparado con el diésel, y 300 dólares comparado con el GNV. Durante la vida útil del vehículo, el ahorro total es del 30% frente al diésel y del 17% frente al gas natural. Estos ahorros son los que permitirán que el transporte público no suba de precio cada vez que hay una crisis en el Medio Oriente o cuando los precios internacionales del petróleo se disparan.
La diferencia se explica por la mecánica simple: un bus eléctrico tiene menos piezas móviles, no necesita cambios de aceite frecuentes, no usa lubricantes en la misma proporción y su sistema de frenado regenerativo reduce el desgaste de neumáticos. El mantenimiento cuesta aproximadamente la mitad que el de un bus diésel. Mientras tanto, el 90% del transporte público de Lima sigue usando diésel, contribuyendo al 58% de la contaminación atmosférica de la ciudad y causando, según estudios recientes, hasta 10,000 muertes prematuras anuales por enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Los limeños perdemos 2.2 años de esperanza de vida por respirar el aire que estos vehículos contaminan.
Dejar de importar pobreza energética
Aquí está el dato que debería avergonzarnos como país: Perú produce hoy la tercera parte del petróleo que producía hace 20 años. De cada 100 barriles que consumimos, 84 debemos importarlos. En 2024, el país gastó más de 4,000 millones de dólares solo en importaciones de gas y petróleo, sumando a una factura histórica que supera los 6,000 millones de dólares anuales en hidrocarburos. Somos ricos en electricidad gracias a nuestras hidroeléctricas y al crecimiento explosivo de la energía solar, que se duplicó en 2025, pero nos obligamos a ser pobres comprando combustibles extranjeros que encarecen todo: desde cocinar hasta moverse.
La matriz energética peruana tiene una oportunidad única. Mientras el gas natural sigue siendo una opción válida para algunos usos industriales, depender de él para el consumo doméstico y el transporte nos ata a precios internacionales volátiles y a una infraestructura que avanza a paso de tortuga. La electricidad, en cambio, la producimos aquí, cada vez más con renovables, y la red que la transporta ya llega a casi todos los hogares.
Es momento de dejar el GLP para las emergencias y las zonas realmente aisladas, y convertir nuestros hogares y nuestras ciudades en espacios 100% eléctricos. Es más barato, es más limpio, es más seguro y, sobre todo, ya lo tenemos instalado. No sigamos fracasando con la promesa del gas natural por tubo que nunca llega a todos. Enchufa tu cocina y tu auto o moto eléctrica, el futuro está aquí.
