Los 125 años del equipo del pueblo
Aldo Panfichi
Desde su fundación en 1901, por un grupo de jóvenes y adolescentes de la Calle Cotabambas, en el barrio de Chacaritas, en el centro de la ciudad, el Club Alianza Lima es conocido como el equipo del pueblo. Han pasado ciento veinticinco años y la sociedad peruana se ha transformado radicalmente. Han surgido nuevos actores y otros se han debilitado social y demográficamente, pero la identidad popular del club ha permanecido inalterable. ¿Qué explica esta extraordinaria capacidad de adaptación del Alianza a distintos contextos sin perder su identidad popular? En las siguientes líneas algunas pistas al respecto.


En las primeras décadas del siglo XX, la identidad fundacional del club está vinculada a la clase trabajadora, al sentido metafórico de barrio, especialmente con la mudanza del club al naciente distrito de La Victoria, y a la cultura afroperuana que comparten sus jugadores y la mayoría de sus iniciales seguidores. Todo lo cual cohesiona y le da un sentido de familia a los aliancistas.
La rápida popularización del club se explica porque, en una sociedad gobernada por rígidos criterios de estratificación social, el fútbol era casi el único espacio donde los negros y los pobres, considerados entonces seres inferiores y despreciables, podían jugar y derrotar a otros equipos conformados por jugadores blancos y de las elites. Una posibilidad imposible de lograr en otras esferas de la vida social. La pasión popular por Alianza Lima, entonces, al igual que el activismo de los sindicatos y las luchas obreras de esos años, es la expresión complementaria de los deseos de justicia e integración al orden social vigente por parte de los pobres y excluidos de entonces.
No es casual, por ello que, en las páginas de Amauta, revista dirigida por José Carlos Mariátegui, aparezcan referencias al Alianza Lima vinculadas a las actividades de la clase obrera organizada. Un ejemplo, en la Fiesta de la Planta de 1927, un encuentro cultural y deportivo, organizado por el sindicato de la Fábrica Textil Vitarte, participaron varios jugadores de Alianza Lima pero formando parte de los equipos que representaban al gremio textil y al gremio de choferes, de los cuales ellos formaban parte como trabajadores. O también del activismo del capitán aliancista Jorge Kochoy, que en los años treinta, fuera dirigente sindical de los choferes, e incluso simpatizante del APRA, en sus años más reformistas.
Con las grandes transformaciones y convulsiones sociales y políticas de las siguientes décadas, los contenidos culturales fundacionales de Alianza como el equipo del pueblo, se han modificado o reinventado de acuerdo a los nuevos contextos históricos pero sin perder su carácter popular. Hoy en día el Club convoca la adhesión no sólo de los pobres de La Victoria o de los barrios populares del centro histórico de Lima sino a individuos de otros barrios, clases y grupos sociales, no solo de Lima sino de todas las regiones del país. Por ello la devoción popular por Alianza ha dejado de ser limeña, observándose multitudinarios banderazos de bienvenida cuando el equipo visita ciudades en costa, sierra y selva. Todo lo cual nos lleva a los aliancistas a decir que en todo lugar el equipo nunca jugará en silencio sino que siempre seremos locales.
El mandato clasista fundacional de ser >>el equipo del pueblo>> se mantiene y renueva como <<la hinchada de todas las sangres>>, como proclaman las banderolas de los hinchas organizados. De esta manera se desbordan las fronteras iniciales de clase y raza incorporándose la diversidad de los sujetos populares y de sectores medios, atraídos por los significados culturales del aliancismo. Para ello surge la idea de Alianza Corazón, un sentimiento de todos sin exclusión y que va más allá de triunfos y derrotas.
Los cambios, también, se observan con nuevas canciones de aliento que bajan desde las tribunas populares. El tradicional bombo afroperuano se mantiene como el corazón de la barra, pero ahora se agregan instrumentos de viento como trompetas, cornetas, tarolas, y napoleones. Jóvenes músicos provenientes de los conos y de barrios populares de las periferias, adaptan las nuevas canciones al ritmo de cumbia, rock, o con tonadas propias de las bandas patronales. No es casual, entonces, que un icono de la cultura popular andina, en especial de la música chicha, que expresa el sentir de los migrantes pobres de nuestra serranía, Lorenzo Palacios, Chacalón, haya pedido a su familia ser enterrado a su muerte con la camiseta del club de sus amores: Alianza Lima. En suma, ciento veinticinco años después Alianza sigue siendo el equipo del Pueblo.
