Gracias querido amigo

Por: 

Alberto Adrianzen M. (*)

En 1971, hace 43 años, Henry Pease fue mi profesor de Realidad Social Peruana en la Universidad Católica.

En 1971, hace 43 años, Henry Pease fue mi profesor de Realidad Social Peruana en la Universidad Católica. Un año antes y ese mismo año los estudiantes habíamos hecho varios paros y huelgas para cambiar el plan curricular de estudios. Fueron tiempos de protestas y de cambios en una universidad básicamente conservadora. En 1970 Javier Diez Canseco había ganado la Federación de Estudiantes con un frente que se declaraba revolucionario y socialista.

Henry, junto con otros, muchos de los cuales provenían de las canteras socialcristianas y añadiría del catolicismo progresista influido por la Teología de la Liberación,  perteneció a una generación que buscó el cambio en la universidad y en la sociedad. Que haya dictado el famoso y ya mítico curso de Realidad Social fue la expresión de que una nueva mirada sobre el Perú, finalmente, se estaba imponiendo en los claustros universitarios y en el país.

Lo volví a ver en 1976. Fue una noche saliendo de la casa de Gilberto y Patricia Valdez que en esos años vivían en Santa Beatriz. Recuerdo que usaba un gorro, muy parecido al que yo uso ahora por mi avanzada calvicie. Luego Gilberto y Patricia me contaron que Henry estaba luchando contra el cáncer. Tenía apenas 32 años. Henry fue desahuciado en el Perú por eso viajó a EEUU donde fue salvado. Sin embargo, el tratamiento que en esos años no era el que se emplea ahora, dejó secuelas que lo acompañaron durante toda su vida.

En 1979  regresando de estudiar en México ingresé a DESCO gracias a un proyecto que en ese momento dirigía Rafael Roncagliolo. Y ahí me quede hasta el año 2000 lo que me permitió trabajar con Henry. Los ochenta fueron los años del regreso a la democracia, de Izquierda Unida, de Alfonso Barrantes, del crecimiento de las ONGs, pero también de la violencia senderista y  el fracaso del APRA. Henry permitió el despegue de DESCO y también la organización de IU como quedó demostrado en el Congreso de fundación y ruptura al mismo tiempo. Su apuesta siempre fue por la democracia.

A mediados de los noventa gracias a un pedido de Alfonso Grados, otro gran personaje que la historia ni puede ni debe olvidar, comencé a laborar en el Congreso como su asesor.  Eran los años de la lucha contra la dictadura fujimorista y también de mi reencuentro político con Henry en la UPP.

En el 2003  dejé el Congreso. Henry en esos años estaba muy interesado en reformar la Constitución de 1993 y de acercar el Poder Legislativo a la población. Para ello, durante su presidencia, impulsó decididamente la creación de las oficinas descentralizadas del Congreso. Experimento que duró poco y que los propios congresistas, porque no querían ser fiscalizados, terminaron por bloquear.

Lo seguí viendo durante muchos años más. Solíamos ir con Lucho Gonzales a su casa,  salir después de la medianoche, luego de conversar varias horas sobre la política, la vida y debo decir sobre Mery, su esposa, que falleció muy joven en 1988 y a quien recordaba todos los días. Se podría decir que durante un poco más de 20 años, en diferentes momentos, estuve vinculado laboral y políticamente a Henry Pease.  

Y si bien en estos días se ha escrito mucho sobre él solo quisiera destacar algunos puntos que considero importantes:

Henry era un hombre de izquierda, polémico y un gran reformador. Es cierto que el no venía de la corriente marxista. Su apego al cristianismo y militancia socialcristiana, sospecho, en lugar de aproximarlo a esa corriente, lo alejaba. Su gran mérito fue el Congreso de Izquierda Unida que si bien es cierto fracasó graficaba su clara opción y militancia. Además, algo extraño en estos días, Henry era muy leal en política. Dicho en términos actuales: no te traicionaba.

Henry era un intelectual y al mismo tiempo un promotor de las ciencias sociales y de lo que podemos llamar pensamiento crítico. DESCO fue su gran obra así como la Escuela de Gobierno de la U. Católica en estos últimos años.

Henry, como solíamos conversar con Lucho Gonzales, fue un combatiente cotidiano por su vida y por la de los otros. Me lo imagino cada mañana poniéndose una suerte de casco para combatir sus enfermedades y salir a la calle para luchar por la vida.

Henry era un hombre honrado y pulcro con los dineros públicos. Incapaz de aprovecharse, como sucede ahora con muchos políticos, de las canonjías que te da el poder y un puesto importante.

Personas como Henry, pero también como Valentín Paniagua, Gustavo Mohme, Javier Diez Canseco y Alfonso Grados, todos ellos lamentablemente desaparecidos, fueron claves en la derrota del fujimorismo y en la transición a la democracia. Algún día, espero que pronto, se les reconozca  como los artífices de la democracia actual.

Finalmente, si soy lo que ahora soy, en parte se lo debo a Henry. Por eso estas líneas que me ha pedido Otra Mirada, antes que un adiós son un agradecimiento público a un gran amigo que vivió decentemente y que buscó incansablemente cambiar la política, el país y que amo profundamente a su esposa. Me lo imagino feliz conversando con Mery.

(*) Parlamentario Andino  

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted es o no una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
Image CAPTCHA
Enter the characters shown in the image.