La rebelión juvenil en curso tiene un formidable reto por delante: hacer política. El resto de los movimientos sociales en el último cuarto de siglo, sea en dictadura o democracia, se han quedado en el camino. En los últimos años ni el movimiento anti-Conga ni el movimiento contra la repartija pudieron lograrlo. El sistema de domesticación puesto en práctica por el neoliberalismo ha podido más que cualquier grita callejera, pero hoy podría haber elementos nuevos que presagien algo distinto.

