Las polémicas ampliaciones viales de la Municipalidad de Lima

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Por: 

Francisco Pérez García

El año 2007, la Municipalidad de Lima inauguró -a la volada- un intercambio vial entre las avenidas Venezuela y Universitaria, cuyo eje central se elevaba frente al campus de la Universidad de San Marcos. La construcción de esta obra, durante la segunda gestión de Luis Castañeda, intervino en terrenos pertenecientes a la universidad, la dejó sin muro perimétrico e invadió parte del campus, sin embargo quedó pendiente la vía que conectaba la continuación de la avenida Universitaria, con la calle Germán Amézaga y que permite continuar hacia la avenida principal con destino hacia San Martín de Porres. 

En aquel entonces, ante la imposibilidad de concluir con la construcción de un anillo vial que agilice el tráfico en dicha zona, frente a la negativa de la universidad que veía afectada su integridad patrimonial, se decidió hacer un cambio en la circulación de los vehículos y permitir el acceso de transporte público por la urbanización Los Cipreses, entre las avenidas Colonial y Universitaria con destino a San Miguel y San Martín de Porres, ida y vuelta. 

Durante la gestión de Susana Villarán, continuaron las negociaciones con la universidad y con los vecinos de la zona, incluso se planteó un proyecto de mejora de la zona, de la mano de ProTransporte, pero esto tampoco prosperó. Una gestión municipal debilitada no generó mayor posibilidad de cambio. 

Hoy 11 años después, la Municipalidad en la tercera gestión de Luis Castañeda ha decidido -como en muchas zonas de Lima- ampliar una calle, aumentar un carril a cada lado, modificar la zonificación y aumentar el flujo vehicular en una zona que es meramente residencial.

Zona donde nunca se hizo el anillo víal. La foto data del 2015 y muestra el cartel de un supuesto mejoramiento en la gestión Villarán. / Foto: Google Maps. 

Cansados de esta situación, los vecinos de la urbanización Los Cipreses decidieron levantar su voz de reclamo y protestar contra la gestión solidaria y exigen que se concluya el anillo vial o se modifique el flujo vehicular en la calle Amézaga. Sin embargo, en el 2016 la opción de la construcción quedó descartada. 

Calle Aurelio García y García. Zona residencial que soportaría más tránsito vehicular. Foto:  Google Maps.

Como es costumbre, el municipio actuó en el 2007 sin ningún criterio de planificación. No contó que en el proyecto del Metro de Lima existía una línea -la dos- que tenía prevista la construcción de una estación subterránea entre Amézaga, Venezuela y Universitaria, en el mismo cruce donde se levanta el paso a desnivel. Por ello el proyecto del anillo quedó descartado y hasta ahora no se aplica el mejoramiento de la vía.  Entonces, la mejor solución es pasarle eternamente el problema del tráfico a los vecinos de una zona residencial.

Movilización de vecinos en la urbanización Los Cipreses. Protestan contra el tercer carril. 

Modus operandi amarillo
El concejo municipal, dominado por Solidaridad Nacional, aprobó recientemente diversos proyectos que bajo el paraguas del “mejoramiento de vías” termina concretando ampliación de carriles, tala de árboles y reducción de áreas verdes en algunos casos. 
Para el regidor opositor Hernán Núñez esta estrategia “es parte de un trabajo para modificar las zonificaciones y probablemente beneficiar a las inmobiliarias que buscan construir edificios multifamiliares en zonas donde la densidad poblacional es menor”.

Un caso similar al de Los Cipreses, se presenta en la urbanización Santa Beatriz. El año pasado el municipio inició una serie de obras en las calles Mariano Carranza y Teodoro Cárdenas, vías que van y vienen de Lince a La Victoria, y que se caracterizaban por su baja densidad vehicular. De pronto, se fueron convirtiendo en vías de desfogue camino a la Vïa Expresa, por ello la gestión de Castañeda no tuvo mejor idea que colocar letreros con anuncios de “mejoramiento de vías” y empezó a romper las calles, sin consultas, sin reuniones vecinales, y con el hostigamiento a los vecinos que al darse cuenta empezaron a oponerse a las obras que hoy se han perpetrado sin que ninguna autoridad de control le diga nada al alcalde. 

En Santa Beatriz, la cosa tiene un objetivo. Tábata Castro es vecina de la zona y es una de las activistas de “Yo Defiendo Santa Beatriz”. El año pasado en declaraciones a la prensa Castro denunció la intención de la comuna limeña de “lotizar la urbanización para las inmobiliarias” cambiando la zonificación de la zona. Esto sumado a la inseguridad que pende sobre los vecinos: a más carriles, más vehículos y mayor velocidad para ellos: por ende, la posibilidad de que haya más accidentes. 

El tercer carril en Santa Beatriz provoca accidentes por el aumento del flujo vehicular. Foto: Yo Defiendo Santa Beatriz

Similar situación es la que se intentó perpetrar en la avenida Aramburú y el que se está dando en La Molina, cerca de la universidad Agraria. El sistema es el mismo: Hablar de mejoramiento de vías, pero en realidad es ampliar carriles, aumentar el flujo vehicular, reducir las aceras para los peatones y las pocas áreas verdes existentes en las zonas. 

Estas “obras” a espaldas de la gente, sin tomar en cuenta sus opiniones y necesidades, sin información previa y con costos que muchas veces exceden lo inicialmente presupuestado,  es como la gestión solidaria va terminando su último año al frente del municipio de la capital de la República.

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