La naturaleza frente a la falta de planificación

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Dos años después de los efectos del Niño Costero, la naturaleza otra vez nos enrostra la falta de planificación y prevención del Estado peruano en materia de gestión de riesgos y desastres.

Si en el 2017 la zona norte del país y la misma capital de la República, sufrieron los embates de los eventos climáticos, esta vez las lluvias, huaicos y desbordes han arrasado el sur peruano y parte de la sierra central, siendo las regiones más afectadas Moquegua, Arequipa y Tacna.

Y nuevamente, la pregunta de todos los años ¿Qué se ha hecho en materia de prevención? ¿Quiénes son los responsables de las cuantiosas pérdidas materiales humanas sufridas en este nuevo evento?

En un país donde la recuperación de zonas derruida en un terremoto lleva 18 años sin haber culminado y donde la famosa "Reconstrucción con cambios" no cambió nada, donde las obras recién se han licitado por burocráticos trámites y documentos enormes, cabe preguntarse ¿Qué aprendimos en este tiempo?

Aparentemente, la respuesta es "nada". La corrupción, qué duda cabe, ha jugado un papel preponderante en la agenda mediática de los últimos meses, y la crisis política produjo un quiebre en el proceso de reconstrucción, pero lo mínimo que se esperaba era que esta vez, la naturaleza no vuelva a cobrar lo que cada año le toca.

Y no fue así. Hoy, mientras el presidente Vizcarra analiza las acciones a tomar, se pronostica que nuevos desbordes y huaicos podrían producir más daños en los próximos días.

Hablamos de competitividad, soñamos con entrar a la élite de la Ocde, nos comparamos con nuestros vecinos de Chile, lideramos acciones "diplomáticas" contra otros países, pero seguimos siendo incapaces - como Estado-- de prevenir situaciones que se repiten y que nos dejan a merced de la duda por saber qué ocurrirá o qué efectos tendrá un fenómeno telúrico de fuerte magnitud.

Queda mucho por trabajar en materia de prevención, no existe una autoridad única que planifique, supervise y fiscalice. Quien sino se encargará de verificar - por ejemplo - que el presupuesto asignado a los gobiernos locales y regionales para obras de prevención sean correctamente utilizados e invertidos en ese rubro y al 100%.

Solo con estos primeros pasos podremos hablar en serio de un proceso de planificación y prevención. Lo demás quedará solo en la mera voluntad, mientras más peruanos y peruanas siguen sufriendo los embates de la naturaleza y la desidia gubernamental. 

 

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