Horror en París: ¿Cuál es la respuesta?

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Por: 

José F. Cornejo

Si bien es necesario expresar nuestra indignación ante el horror por la masacre producida por seis ataques terroristas simultáneos cometidos el viernes 13 en la ciudad francesa de Paris, en la que fallecieron 129 personas, uno no puede quedarse en el plano fácil de las emociones. Más bien debemos redoblar nuestro sentido crítico y buscar explicaciones ante esta tragedia que afecta tanto a Francia como al mundo.

En primer lugar, nuestro sentimiento de compasión y de solidaridad no sólo se dirige a los familiares de las víctimas de los atentados en Paris, sino también a los familiares de las víctimas del atentado terrorista cometido ese mismo día en Bourj el-Barajneh, un suburbio del sur de Beirut (Líbano) en donde fallecieron más de 34 personas. En ambos casos ha sido la mano sanguinaria del Estado Islámico la que ha querido sembrar el horror como una forma macabra de alcanzar objetivos políticos precisos.

Luego de la indignación y la rabia ante estos cobardes atentados que han segado la vida de civiles inocentes, jóvenes en su mayoría, vienen las preguntas de cómo es que hemos podido llegar a este tipo de situaciones bárbaras en este balbuceante siglo XXI y cuáles son las respuestas adecuadas. Las afirmaciones del editorialista de La República Mirko Lauer, del pasado 15 de noviembre, de que: “Los atentados de París… le dan la razón a Washington cuando sostuvo, en la estela del atentado del 9/11 contra las torres gemelas, que el terrorismo pronto se convertiría en un asunto mundial,” nos dejan, por decir lo menos, perplejos. La realidad es que la frecuencia y la intensidad de las actividades terroristas en el mundo se han incrementado en la última década a pesar de que, hace casi 13 años, el ex presidente estadunidense George W. Bush convirtió la "lucha contra el terrorismo internacional" en el programa de política exterior para que los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se lanzaran en una cruzada que incluyó la invasión y destrucción de países, la muerte de centenares de miles de personas, la degradación de los derechos y libertades individuales en todo el mundo. 

Las intervenciones militares “humanitarias” no han debilitado al terrorismo sino que, paradójicamente, han contribuido a su expansión. Es a toda luz evidente que sin el derrocamiento de Sadam Hussein, con los falsos argumentos de que su gobierno poseía armas de destrucción masiva, el Estado Islámico simplemente no existiría. Es precisamente la anarquía creada con la intervención militar estadounidense en Irak la que creó el caldo de cultivo que favoreció la aparición del radicalismo sunita, expresada en el Estado Islámico, que supo reclutar a una parte de los oficiales y soldados del ejército iraquí disuelto por el gobierno de ocupación americano. Más aún son los Estados Unidos los que, juntos con sus aliados de las petromonarquías feudales del Golfo Pérsico, azuzan el radicalismo islámico en su vertiente wahabista con el propósito de ganar posiciones geopolíticas para frenar el surgimiento de nuevas potencias, hostigar al gobierno chiita de Irán y derrocar a los gobiernos autoritarios laicos del Oriente Medio opuestos a sus intereses.

La incomprensible política exterior francesa
Es teniendo como referencia la intervención estadounidense en Irak, y lo que fue en ese momento la política exterior francesa, que resaltan mejor los profundos cambios ocurridos y el laberinto de incoherencias en que se hunde hoy en día Francia en los asuntos internos del Medio Oriente. A diferencia del gobierno del presidente Chirac, que se resistió y se opuso a la intervención militar en Irak, sabiendo defender una política exterior soberana, sus sucesores, tanto el presidente Sarkozy como el actual presidente Hollande, se alinearon con la política de “intervenciones humanitarias” dirigidas desde Washington con el pretexto que el derrocamiento de los gobiernos en Libia y Siria contribuiría el desarrollo de la democracia en la región. En realidad, lo que se ha producido es todo lo contrario. En Libia, o en ese territorio que se llamaba Libia, reina la anarquía total y el radicalismo islámico se ha expandido en el norte de África. En Siria la intervención desestabilizadora externa ha debilitado al gobierno de Assad, facilitando el desarrollo del Estado Islámico en un territorio que abarca también el norte de Irak.

Antes de los sangrientos atentados de Paris, diferentes voces en Francia se levantaron para criticar este giro de la política exterior francesa. El pasado 18 de agosto, en el diario conservador Le Figaro Roland Hureaux, miembro del comité de redacción de la revista “Charles de Gaulle”, criticaba el carácter incomprensible de la política exterior francesa que en su desesperación por derrocar al gobierno del Presidente sirio Assad, estaba entregando armas y proporcionando apoyo logístico a grupos radicales islámicos.  

Es esta política exterior incomprensible, completamente errada e irresponsable, la que finalmente, como un boomerang sangriento, ha golpeado Paris el pasado viernes 13. No basta por ello bombardear las bases del Estado Islámico, también es necesario exigir que se ponga fin a la injerencia desestabilizadora en los países del Medio Oriente, se corten las fuentes ocultas de armas y financiamiento, y se concretice una salida política a la guerra civil en Siria. 

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