El contexto regional del gobierno de PPK

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Por: 

José F. Cornejo

A las dificultades de gobernabilidad que enfrentará el gobierno del PPK, debido al estrecho margen de su triunfo electoral y su condición de minoría en el Congreso, se le debe sumar el sombrío panorama que encontrará en la región sudamericana que atraviesa uno de sus peores momentos de crisis económica y política.

En un reciente informe la CEPAL ha revisado a la baja las proyecciones de crecimiento de las economías de la región, subrayando que es en particular en las economías de América del Sur, más dependientes de las exportaciones de bienes de materias primas en especial petróleo y minerales que se registrará una mayor contracción económica, estimada al -1,9%. Esto debido al bajo crecimiento de los países del norte, el fin del boom de los commodities,  la desaceleración de la economía china así como también el impacto de algunos desastres naturales como el Fenómeno del Niño y el terremoto en el vecino país del Ecuador. El  gobierno ecuatoriano calificó las pérdidas de multimillonarias, estimadas a groso modo en tres mil millones de dólares, un tres por ciento de su  Producto Bruto Interno.

No se vislumbran grandes cambios en este contexto económico regional y mundial desfavorable hacia el 2017. Más aún, la situación se puede volver más complicada de triunfar Donald Trump en las elecciones de noviembre próximo en los Estados Unidos. Un candidato muy controvertido que defiende un programa económico proteccionista, contrario a los tratados comerciales como el TPP, además de una mano dura en el tema migratorio que le ha ganado la enemistad de México y otros países centroamericanos. Su eventual victoria representará un verdadero dolor de cabeza para el gobierno de PPK y para todos los países de la región.

La incertidumbre política regional
El triunfo de PPK fortalece el viraje político neoliberal en la región que, luego del triunfo de Mauricio Macri en la Argentina, parece orientarse hacia una restauración conservadora básicamente dirigida a anular los espacios de integración económica y autonomía política alcanzados en los pasados años con la UNASUR y el CELAC. Mauricio Macri ya concretó la condición de país observador para la Argentina en la Alianza del Pacífico, colocando así una primera piedra para el desmontaje del Mercosur, que sufriría así la misma suerte que la Comunidad Andina. Aunque la medida por el momento es sólo simbólica, es evidente que en la región se viven momentos de una dura pugna para determinar la ubicación que ocupará América Latina en el nuevo mundo multipolar en gestación.

La posibilidad de un giro definitivo de restauración conservadora en la región se juega actualmente en Brasil. No sólo es el país más grande de la región, sino también es una potencia económica mundial emergente  que ha buscado liderar la región a mayores niveles de integración y autonomía frente a la tradicional hegemonía norteamericana, participando activamente en la construcción de la UNASUR y desplegando sus ambiciones internacionales con los BRICS. El “impeachment” a la presidenta Dilma Rousseff, que se realizó a una velocidad de vértigo, está atravesando unos momentos críticos  al aparecer nuevas delaciones que confirman la tesis de que el golpe mediático-parlamentario buscaba encubrir a los principales beneficiarios de la corrupción del llamado “Lava-Jato”, entre ellos  el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha y  Renan Calheiros presidente de la Cámara de Senadores del Congreso brasileño. La posibilidad de la destitución definitiva de la presidenta Dilma Rousseff, a definirse por el Senado a fines de agosto luego de la clausura de los Juegos Olímpicos de Rio, está pues en duda. Y ya se empiezan a barajar escenarios de un plebiscito o un adelanto de elecciones como una salida a la profunda crisis brasileña. Esos escenarios mantendrán en vilo el desenlace final de la maniobra golpista en Brasil hasta fines de año, dejando así también en suspenso el giro conservador en toda la región.

Si el gobierno interino de Michel Temer no tiene continuidad y la presidenta Dilma Rousseff vuelve a su cargo  o si fueran convocadas nuevas elecciones,  la continuidad de los gobiernos progresistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia  contarían con un contrapeso regional a Argentina. Este país, a todas luces y con la bendición del presidente Obama, busca encabezar el giro conservador en nuestra región. Para los gobiernos de izquierda en Sudamérica aún no está todo perdido.

Por ello, el nuevo gobierno de PPK, más allá de sus sabidas simpatías ideológicas, debe mirar con mucha cautela  y serenidad lo que pueda suceder en los meses que vienen, tanto en las elecciones en los EE.UU.   como en la resolución de la crisis política en Brasil. A la luz de la gran volatilidad de la situación internacional y regional, una dosis de realismo en el manejo de su política exterior es lo que más conviene a los intereses nacionales. Toda precipitación motivada por una lectura demasiado ideologizada de lo que sucede en la escena regional puede ser contraproducente y terminar convirtiéndose en un factor adicional de contrariedad en su previsible frágil gestión del gobierno.

 

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