Aclarando el panorama

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Por: 

Sinesio López

Es una ironía de la historia que los herederos de la derecha oligárquica y de la actual derecha neoliberal se autoproclamen demócratas y se autoerijan en aduaneros del pensamiento democrático y en un jurado severo que califica quién es demócrata y quién no lo es. No tienen pergaminos para eso, pero lo hacen. Para ir más allá del anatema y para iniciar una discusión basada en fundamentos teóricos de las tradiciones democráticas, sugiero algunas ideas iniciales sobre el tema.
 
Desde una perspectiva procedimental, la democracia es un conjunto de reglas y procedimientos tanto para acceder al gobierno como para dirigirlo y gestionarlo en su relación con la sociedad y los ciudadanos. Las reglas para acceder al gobierno se expresan en el sistema electoral que, para resumirlo, se condensa en el acto del sufragio y en el proceso electoral. El debate actual se centra, no en el primero, sino en el segundo, en su institucionalidad, equidad y competitividad, esto es, en el carácter justo o injusto del proceso electoral. La dificultad proviene del hecho de que ni la academia ni la política han logrado establecer el nivel de injusticia a partir del cual un proceso electoral injusto puede ser considerado ilegítimo y no otorga, por consiguiente, el derecho a gobernar.
 
Las reglas y procedimientos de dirección y gestión del gobierno y del Estado dependen de la forma de gobierno (presidencialismo, parlamentarismo, semipresidencialismo). El presidencialismo parlamentarizado del Perú tiene un Presidente que es jefe del Estado y jefe de Gobierno, cuenta con una división de poderes enturbiada por interferencias parlamentarias que afectan la gobernabilidad, se somete al dominio de la ley en el que enmarca sus decisiones y sus acciones para que sean legítimas, reconoce y respeta los derechos de los ciudadanos como legítimos titulares del poder. Pese a todo esto, es frecuente en AL elegir presidentes democráticos para que nos gobiernen dictadores bajo un ropaje democrático. 
 
Fue el gran sociólogo alemán Max Weber el que definió la democracia como un procedimiento o un método para elegir a los gobernantes y convirtió al ciudadano en un mero elector. Pero fue Schumpeter el que extremó la democracia procedimental al definirla como “libre competición por un voto libre” y como un método a través del cual las élites se hacen elegir por los ciudadanos convirtiendo a estos, no en electores, sino en meros votos.
 
La democracia procedimental es, sin embargo, insuficiente para las clases populares y para la izquierda que demandan, no solo procedimientos, sino también bienestar, igualdad, equidad e inclusión, esto es, una democracia procedimental y sustantiva. Los procedimientos que nada tienen que ver con el bienestar de las mayorías genera en estas desafección con la democracia. Robert Dahl, un destacado teórico del pluralismo que nada tuvo que ver con la izquierda, sostuvo que el proceso y la sustancia de la democracia no pueden estar realmente separados: “el proceso democrático no so0lo es esencial para el derecho de la gente a gobernarse a sí misma  sino que es en sí mismo un rico conjunto de bienes sustantivos”. Es quizás por esta razón que Dahl, cuando aborda los casos de la vida real,  prefiere referirse, no  a “democracias” ideales,  sino a  las  “poliarquías”. Estamos frente a la democracia procesal.

Publicado en el Diario La República, 05 de noviembre 2015

 

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