El brutalismo trumpista exhibe el malestar de una elite corporativa que se niega a aceptar la transición hacia una multipolaridad que privilegia las regulaciones de índole política por sobre las lógicas tecno-financieras, de carácter oligopólico.
En un escenario en el que el gobierno de Donald Trump tiene una grosera y descarada actitud injerencista en nuestra región, el gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, miembro del Partido Liberal del expresidente Jair Bolsonaro, ordenó un operativo conjunto de la Policía Civil y Militar, con 2.500 agentes en dos favelas de la ciudad de Rio de Janeiro, para capturar a integrantes del Comando Vermelho, una de las principales bandas narcotraficantes del país que derivó en una masacre, la más letal de la historia reciente brasileña.
La tensión entre los presidentes Nicolás Maduro y Donald Trump adquiere niveles alarmantes. Estados Unidos lo ha cercado con más del 20% de su flota militar y la complicidad de varias islas del Caribe (República Dominicana, Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Aruba y Curazao), sin que medien pruebas que justifiquen ese accionar. El nerviosismo se incrementa también en el país agresor.
Las acciones de agresión e intromisión en el continente americano que presenciamos desde que Donald Trump asumió la presidencia, en enero de este año, apuntan a guillotinar la soberanía de los países de la región para convertirlos en Estados subalternos al servicio de sus intereses. Estos se enmarcan en la política exterior de ese país cuyos lineamientos están expuestos con meridiana claridad en la Estrategia Nacional de Seguridad” de Estados Unidos divulgada el viernes 5 por la Casa Blanca.
El anuncio de Donald Trump de que los europeos se enfrentan a su destrucción total ha causado alarma en Bruselas y ha sido interpretado como un paso más hacia la invasión rusa de algún país del Este de la UE.
El último memorándum del presidente sobre la Estrategia de Seguridad Nacional trata la libertad de coaccionar a otros como la esencia de la soberanía estadounidense. Se trata de un documento ominoso que, de mantenerse, volverá para atormentar a Estados Unidos.
La Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy, NSS) para 2025 recientemente publicada por el presidente Donald Trump se presenta como un plan para renovar la fuerza estadounidense. Está peligrosamente mal concebido de cuatro maneras.
El tono megalómano, imperativo y colonialista de las amenazas y sanciones de Donald Trump a Venezuela, en un mensaje en su red Truth Social, en el que dice que el país “está completamente rodeado por la mayor armada jamás reunida en la historia de América del Sur” y que “esta fuerza seguirá creciendo, y la conmoción para ellos será como nada que hayan visto antes hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y demás activos que nos robaron”, ha generado una cohesión interna entre el gobierno venezolano y sectores de la oposición que sienten una agresión i
A comienzos del mes de diciembre todo el mundo se enteró de la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de los Estados Unidos de América. Sin lugar a dudas, esta podría ser más dañina y peligrosa para el mundo más allá tanto de la política arancelaria iniciada en abril de 2025 -pero con muchas idas y vueltas-, como de la política anti migratoria.
La franqueza con la que el presidente estadounidense ha defendido el uso de la fuerza bruta en las relaciones internacionales se le puede volver en contra.
Sudamérica, hace más de 200 años, se independizó de España y Portugal, dejó de ser colonia, los virreinatos existentes dieron origen a estados y países independientes, vivimos tres siglos sumidos en dependencia, explotación y dominación europea, las luchas por nuestra independencia fueran múltiples, largas, duras, heroicas. Venezuela fue el primer país de América del Sur en declarar su independencia (05/julio/1811) y apoyó a los restantes. Simón Bolívar, el libertador, fue su gran líder.