El crimen en Perú, organizado y desorganizado, se ha institucionalizado y masificado, es estructural; la inseguridad ciudadana, pese a su crueldad, es sólo un síntoma de un padecimiento más grave. La política estatal, de las mafias que controlan las instituciones gubernamentales, trafican con el dolor nacional, protegiéndose de sus fechorías, aparentan “curar la inseguridad ciudadana” aduciendo que combaten el crimen.