Uno de los portentos ideológicos de la segunda mitad del siglo XX ha sido, sin lugar a duda, el sueño americano. Aquella fabricación que nos presentaba la propaganda del país del norte con un cartel donde papá manejaba un carro nuevo, mamá lo acompañaba a su costado y los dos hijos, hombre y mujer, iban en el asiento trasero. Completaba el cuadro la sonrisa de los cuatro enmarcada en un horizonte soleado que se perdía por la luna trasera del vehículo. En resumen, el sueño de la clase media a la que cualquier persona de buena voluntad podría tener acceso.