El dado cargado de los cazas F16

Por: 

Julio Schiappa

Lo escribimos en “Otra Mirada” hace varias semanas cuando denunciamos la agenda secreta de Jeri y el Canciller De Zela, que buscaba dar un giro radical para que el Peru se convierta en un estado subordinado al Washington de Donald Trump. La política peruana parece haber encontrado un nuevo tema de confrontación con esta agenda, esta vez no es en el Congreso, ni en las calles, sino a miles de metros de altura sobre los cielos del Peru.

Lo ocurrido con los anuncios y posteriores retrocesos del presidente José Balcázar respecto a la compra de los cazas F-16 Block 70 a Estados Unidos no es solo un error de comunicación; es un síntoma de una debilidad institucional extrema, que compromete la seguridad nacional y la seriedad del país ante la comunidad internacional.

Todo comenzó con una declaración que sacudió los cimientos de la defensa nacional. El mandatario, en una entrevista, con Nicolás Lucar en “Exitosa”, afirmó con ligereza que la decisión ya estaba tomada: el Perú compraría los aviones estadounidenses F16 Block, porque, según él, el gobierno anterior de José Jerí ya había dejado todo firmado. Sin embargo, la realidad no tardó en desvelarse.

Horas después, desde Palacio de Gobierno y a través de exministros, como el ex Premier Alvarez, llegó el "frenazo". No hay contrato firmado, el proceso sigue en evaluación técnica y la Contraloría aún tiene la última palabra.

Esta confusión no es baladí. Estamos hablando de una inversión que supera los 3,400 millones de dólares, la compra militar más importante del Perú en las últimas cuatro décadas. Que un jefe de Estado ignore el estado real de un contrato de esta magnitud, o peor aún, que intente sacudirse la responsabilidad política atribuyéndola a su antecesor, genera una inestabilidad que espanta y revela la debilidad radical en que esta Peru gobernado por el Pacto del Congreso. Porque Jeri ni Balcázar llegaron solos, los puso de presidentes el Congreso.

La gravedad reside en que el Perú se encuentra en un año electoral crítico. Con las elecciones generales a la vuelta de la esquina y un cambio de mando programado para el 28 de julio de 2026, la administración de Balcázar parece tener una urgencia sospechosa por cerrar un trato que comprometerá el presupuesto nacional por 30 años. Y también su soberanía militar. ¿Por qué el apuro? ¿Por qué anunciar una decisión "tomada" cuando los técnicos de la Fuerza Aérea (FAP) aún sopesan opciones como el Gripen sueco o el Rafael francés?

La soberanía militar del Perú no es un botín político de fin de mandato. La elección de una plataforma aérea define nuestras alianzas estratégicas y nuestra capacidad disuasiva para el resto del siglo XXI. Tomar una decisión de esta envergadura a pocos meses de dejar el cargo, en medio de contradicciones públicas sobre si los cazas son la mejor arma disuasiva, es una irresponsabilidad que linda con el colaboracionismo con una potencia extranjera que quiere los recursos naturales del Peru. O un evidente interés motivado por la corrupción que siempre está presente en las

La conclusión es una sola y debe ser firme: el presidente Balcázar no debe decidir absolutamente nada sobre este tema. Un gobierno de transición o de salida no tiene la legitimidad política ni la estabilidad necesaria para hipotecar el futuro de la defensa nacional. El próximo presidente, elegido por la voluntad popular y juramentado este 28 de julio, debe ser quien, con un nuevo gabinete y un plan de gobierno actualizado, quien analice si el F-16 es realmente la mejor opción para la soberanía peruana o si el país requiere una independencia tecnológica que evite las presiones geopolíticas de Washington. El aire está cargado de dudas, y lo mejor para el país es aterrizar este proceso hasta que el nuevo inquilino de Palacio tome el mando.

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