El costo económico real de sostener la caída del dólar

Por: 

Alejandro Narváez Liceras (*)

La estabilidad del tipo de cambio es un objetivo permanente de las políticas monetarias en países con mercados de divisas relativamente pequeños o con alta apertura comercial. En el Perú, el Banco Central de Reserva (BCR) ha intervenido con compras recurrentes de dólares en el mercado cambiario desde finales de 2025 y en lo que va de 2026 para moderar la velocidad de su caída frente al sol. Estas intervenciones han tenido efectos significativos sobre las Reservas Internacionales Netas (RIN), el balance financiero del banco central y la economía en general. El problema no es la intervención en sí del banco, sino su costo económico real, su distribución de ganadores y perdedores, y el nivel de control y rendición de cuentas sobre operaciones que mueven miles de millones de dólares.

El costo de sostener la caída del dólar

En 2025, el BCR reanudó la intervención directa en el mercado cambiario mediante compras de dólares spot – al contado-, tras algunos años de pausa, con el objetivo de moderar – según el banco - una apreciación excesiva del sol (o caída del dólar) y estabilizar el tipo de cambio.

  • En 2025 (noviembre – diciembre), el BCR acumuló US$ 2,456 millones en compras spot, según el recuento de intervenciones reportado al cierre del año. Y en sus reportes oficiales semanales aparecen tramos importantes de esas intervenciones. Por ejemplo, del 27 de noviembre al 3 de diciembre compró US$ 286 millones spot y del 18 al 23 de diciembre compró US$ 853 millones spot.
  • En 2026 (hasta el 4 de febrero), el propio BCR reporta que “en lo que va de 2026” realizó compras spot por US$ 3,384 millones. Además, en la semana del 29 de enero al 4 de febrero compró US$ 429 millones spot, y complementó con otros instrumentos (Certificados de Depósito - CD - con pago en dólares y swaps de compra).

En suma: US$ 2,456 millones (2025) + US$ 3,384 millones (2026 ) a inicios de febrero, equivale a US$ 5,840 millones de compras spot en un periodo corto. Ese es el tamaño del “muro” levantado para que el dólar no caiga “demasiado rápido”. La pregunta clave: ¿De dónde salen los soles para comprar esos miles de millones de dólares? Sencillamente el BCR crea o imprime en forma de billetes y/o monedas, y con ello compra los dólares a los bancos comerciales.

Efecto en RIN: más reservas… pero no gratis

Las reservas suelen citarse como “blindaje”. Pero el blindaje tiene estructura, costo y propósito. A fines de 2025, dichas reservas marcaban US$ 92,141 millones (23 de diciembre). En 2026, las RIN continuaron elevadas: US$ 96,997 millones al 21 de enero y US$ 97,354 millones al 4 de febrero. La pregunta es: ¿cuánto del aumento de estas reservas se debe a compras deliberadas del BCR para sostener un tipo de cambio, y cuánto se deriva de otras fuentes como ingresos por exportaciones, flujos internacionales o revalorización de activos? El análisis preliminar sugiere que una parte significativa del crecimiento de las reservas obedece directamente a intervenciones en el mercado de divisas del BCR.

Aquí conviene una precisión crucial: comprar dólares aumenta reservas, pero simultáneamente exige administrar el lado en soles para no disparar liquidez e inflación. Por eso, el BCR no solo compra, también esteriliza o retira soles del mercado vendiendo instrumentos pagando intereses. En su reporte del 5 de febrero, el banco señala que, además de compras spot, en 2026 colocó CDs con pago en dólares por US$ 1,220 millones y Swaps Cambiarios Compra por US$ 418 millones -compra de dólares a futuro-. Eso revela el corazón del costo: sostener el tipo de cambio implica operaciones encadenadas que generan pagos de interés y riesgos de valorización.

¿Quién gana y quién pierde?

En economía, casi nada es neutro. Veamos:

Los ganadores: i) Exportadores y sectores transables. Una caída rápida del dólar reduce ingresos en soles por cada dólar exportado. La compra de dólares por el BCR actúa como amortiguador, ii) Deudores en dólares con ingresos en soles. Un dólar demasiado bajo altera flujos esperados, precios relativos y cobertura, iii) Intermediarios y agentes con posición dolarizada. La existencia de un “piso tácito” reduce volatilidad y facilita estrategias de carry trade o cobertura contra riesgos de mercado.

Pierden: i) Ahorradores en soles si la esterilización y el manejo de liquidez presionan tasas o generan distorsiones, ii) El conjunto de la sociedad, por el costo cuasi fiscal – perdidas operacionales y financieras del BCR que asume el Estado. El BCR compra dólares o gestiona sus activos de reserva con enfoque de liquidez y seguridad -no de rentabilidad-, mientras paga tasas de interés cercanas al 4.25% por instrumentos de esterilización que vende, iii) Consumidores: un dólar más bajo abarata importaciones. Frenar su caída “protege” a algunos sectores, pero puede reducir beneficios de precios relativos para la mayoría, iv) Costos de oportunidad del uso de reservas: Los recursos dedicados a compras de dólares podrían emplearse en otros fines macroeconómicos o proyectos de inversión pública prioritarios (educación, salud, infraestructura). Si la operación no logra generar retornos equivalentes a su costo de oportunidad, pierde el país.

El dilema social: ¿un país con urgencias puede “gastar” tanto?

Aquí aparece la pregunta moral —y política— que suele esquivarse con tecnicismos: ¿un país con brechas sociales estructurales puede permitirse comprometer miles de millones para evitar que el precio del dólar caiga?

El argumento ortodoxo dirá: “Noes gasto social. Es estabilidad, fortaleza macro”. Pero esa respuesta es incompleta y rebatible. La estabilidad tiene precio, y ese precio se expresa como: i) Intereses pagados por esterilización al emitir los CD (costo cuasifiscal), ii) Riesgo de pérdidas por valorización si el dólar sigue bajando o si cambian los rendimientos globales y iii) Prioridad implícita. Se prioriza evitar un ajuste cambiario veloz aun cuando ese ajuste podría beneficiar a consumidores e importadores.

No obstante, la pregunta crítica es: ¿puede un país con grandes desafíos sociales permitirse “gastar” miles de millones para sostener artificialmente el dólar cuando otras necesidades estructurales aguardan financiamiento? Este debate va más allá de la técnica monetaria y entra en la distribución de recursos nacionales y prioridades fiscales intergeneracionales.

La discusión real sobre las intervenciones del BCR ante la apreciación del sol debe centrarse en la magnitud y el propósito, no en su facultad legal. Es decir, cuánto se interviene y para quién se interviene cuando la economía no enfrenta una crisis cambiaria sino una apreciación del sol.

¿Quién fiscaliza estas operaciones?

El BCR goza de autonomía, pero autonomía no equivale a caja negra. Existen mecanismos de control. La Ley Orgánica contiene disposiciones sobre ejercicio financiero, estados financieros, etc. Sus estados financieros son auditados, como consta en su Memoria anual.

Sin embargo, la crítica de fondo no es si hay papeles de auditoría, sino, si hay rendición de cuentas sustantiva sobre criterios: ¿qué regla define “caída abrupta”? ¿qué umbral activa compras discrecionales? ¿qué evaluación costo– beneficio se publica para justificar miles de millones en semanas? En su propia Nota Semanal, el BCR informa montos y herramientas, pero informar no es lo mismo que explicar con un marco evaluable por el público u observadores independientes.

Consideraciones finales

La estrategia del BCR de comprar dólares para evitar la caída del tipo de cambio ha tenido un costo acumulado significativo que bordea los US$ 5,840 millones en un periodo relativamente corto. Este esfuerzo ha contribuido a estabilizar el tipo de cambio, pero también ha generado debate sobre si ese monto de recursos podría tener un uso más productivo en otros ámbitos prioritarios para el desarrollo social y económico del país.

Más allá de las cifras, este episodio subraya una cuestión estructural clave: ¿qué tanto deben intervenir el banco central para manipular el tipo de cambio, y en qué momento estas intervenciones dejan de ser un instrumento prudente de política y se convierten en un gasto con efectos de mediano plazo no claramente justificados? La respuesta exige un análisis exhaustivo, transparencia en la fiscalización y un debate público informado sobre las prioridades macroeconómicas en el Perú.

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(*) es Doctor en Ciencias Económicas. Actualmente profesor principal de Economía Financiera en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y director del II&EE.