¿Volver a Creer, volver a Crecer? CADE 2023

Por: 

Pablo Najarro Carnero

Este fue el lema de la última CADE desarrollada en Cusco. El lema fue el deseo de los empresarios. Lo convertí en pregunta ¿Volver a creer?... ¿en ellos? Ellos saben que el empresariado y valga la aclaración, el gran empresariado los ha desprestigiado. Aquellos que negociaban de la mano del gobierno de turno a través de coimas millonarias, aquellos que se repartían los proyectos. ¿Cómo olvidar al llamado Club de la construcción? El desprestigio se lo ganaron – digamos – a pulso, mejor dicho, suciamente. Nadie quiere decir hoy, soy empresario, la percepción del 88% de los peruanos los asocia a corrupción. Ser empresario en el Perú es ser corrupto.

Dicen "Debemos hacer que los peruanos vuelvan a creer en nuestro país”, no. El punto es volver a creer en las grandes empresas que han realizado y realizan grandes proyectos, que de verdad son de gran desarrollo económico para el país, nadie lo negaría.

El problema ha sido que lo han hecho al margen del país, al margen de la realidad social donde los desarrollaban y por eso generaron rechazo y los grandes conflictos que hemos vivido y quizá seguiremos viviendo.

No tuvieron una visión compartida de desarrollo. No entendieron que el desarrollo de la economía, entiendo yo, es cíclica. Está bien que haya grandes proyectos, pero que estos también generen el desarrollo del entorno social donde se desarrolla. La economía se dinamiza si alrededor de los grandes proyectos hay también un cambio social que suponga una “…lucha contra la anemia, la recuperación de colegios, la vivienda rural y el agua" (Correa) y a su vez, como dice el lema “volver a crecer”. Crecemos ambos, los empresarios – yo soy un mini empresario – y el entorno social. Eso, sería caminar hacia una sociedad democrática.

De sus líneas entresaco que su accionar lo entienden de la mano con el “estado”. Perdón, si por estado entienden los pueblos en donde desarrollan sus proyectos, está bien, pero si lo entienden como “gobierno”, volverán a fracasar. Negociar con el gobierno de turno, que ya han demostrado el altísimo nivel de corrupción que generan, será volver a caer en lo mismo.

Suena bien que digan, evitando pasar por el gobierno de turno, hacer obras por impuestos. Así evitaríamos las coimas de por medio. Esto supone, de nuevo, dialogar con los ámbitos sociales, – regiones, distritos, pueblo, comunidades – donde desarrollen actividades. Sería una nueva visión de licencia social tan venida a menos por el mal uso que se dio a este término para lograr el desarrollo de proyectos amañados.

Lo dicho, supone un cambio en las normas que permitan una nueva forma de ejecutar proyectos. Pero también una manera activa de cerrar las brechas sociales y económicas. No se puede negar el aporte del sector privado en la economía nacional. Sobre todo, de los que realizan grandes proyectos. Pero, si no va de la mano de una transparencia en el proceso de ejecución, deviene en lo mismo de antes.

El sector privado ha sido parte también, por sus asociaciones, de la presencia de empresas transnacionales que han evitado el control de las entidades que corresponden – SUNAT, Contraloría, superintendencias – y hacer contratos mafiosos. Se entiende que me refiero a los contratos ley. Pero, si de nuevo van a evitar el control de las entidades ya dichas, volveremos a lo mismo.

Me parece clave que el gran empresariado busque conversar con los gobiernos regionales y también alcaldes, tanto provinciales y distritales.

Tengo en mis manos un análisis bastante completo de indicadores de desarrollo para el país para los próximos años, elaborado por la Universidad del Pacífico, que, en muchas de sus líneas, le atañe al empresariado y que va en la línea de la CADE. Sé que al interior hay un grupo empresarial llamado “peruanos por la integridad” que buscan evitar acciones corruptas en el desarrollo de sus actividades. Entiendo que buscarán lograr contratos con el estado o gobierno de turno, de manera limpia y si ello supone perder las buenas pro, lo asumirán. Eso está bien. La ética es importante para el desarrollo de un país, leo en líneas que se habla de integridad.

La crisis de confianza en el Perú es altísima. Las encuestas sobre percepción de entidades que deberían dar seguridad son de desconfianza. 

Esto último, de ser así, repercute en el espíritu nacional. La preocupación de “que no se vayan los jóvenes, que confíen en que sí podemos tener un país maravilloso", dicho por ellos viene a colación.

La desesperanza de ver un país que, en donde para lograr algo tienes que coimear, desencanta a muchos jóvenes. Los padres que logran que sus hijos hagan estudios superiores fuera del país, aceptan que ellos digan, mejor me quedo aquí – en el país extranjero – con todo el dolor del corazón para ambos. Como dice el refrán “por mejoría, mi casa dejaría”. 

En el momento actual, los partidos y políticos – tanto del congreso como del legislativo – no nos dan ninguna seguridad – confianza – de que haya posibilidad para el logro de las expectativas de los empresarios de la CADE.

Por táctica o cálculo, instinto o capacidad de reacción, hizo bien en no ir la actual mandataria, excusándose en supuestos asuntos de política exterior. Que la CADE se asocie a Boluarte hubiera sido puntos menos en su alicaída imagen en sus conversas en Cusco, donde buscaban resucitar.

La presencia de algunos ministros, sabiendo de sus desaciertos, fue minimizada. En anteriores ocasiones era compromiso del estado o del gobierno de turno y esperanza para su accionar corrupto. Desatinada la frase del ministro de economía que dice que ir a la CADE es un “voto de confianza”. Señal de desesperación sabiendo que sus pronósticos se fueron al tacho.

Si los empresarios quieren reconciliarse con el Perú y las propuestas manifestadas – esperamos la declaración final – van en la línea de las declaraciones al final de la CADE, avizoraríamos entonces, un reencuentro con este Perú de todas las sangres, fragmentado en una asimetría social y económica. La fe viene ahora – si van en serio – desde los empresarios de la CADE.