Política liberal y proceso constituyente en el Perú

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Por: 

Nicolás Lynch

De cara a las próximas elecciones del 26 de enero de 2020 y a las generales del 2021, como parte en realidad de un mismo proceso, pareciera que la izquierda en sus diversas versiones está perdiendo fuelle. Parece haberla invadido el temor a que sus rivales de siempre, la derecha liberal y/o neoliberal, la llame como tal “izquierda” y ha decidido esconder sus propuestas de fondo.

Lo curioso es que no se debe solo a los ataques de la derecha sino a “fuego amigo” que viene de las propias filas izquierdistas. Este fuego amigo se plasma en una concepción liberal de la política, que ha naturalizado el modelo neoliberal, y que entiende nuestro propósito como crear un gran consenso nacional del que los líderes e ideas de izquierda formen parte, para “hacer las cosas bien” y que el país salga finalmente adelante. 

La idea de hacer política para crear un consenso compartido por la mayoría sin cambiar la constitución actual, el mainstream  (curso principal) en términos norteamericanos, podemos entenderlo como válido en quienes reivindican la crítica liberal al régimen neoliberal todavía en funciones y quieren que algo cambie para que en realidad nada cambie. Se agrupan aquí los que se pusieron de moda por sus críticas al fujiaprismo depredador: me refiero al propio Presidente Vizcarra y su entorno, a la bancada liberal del Congreso disuelto, al Partido Morado y a los que añoran el centro político en uno u otro sentido. 

Sin embargo, cuesta creer que entre estos últimos se encuentren algunos izquierdistas. Me refiero a los que han preferido el favor de los grandes medios a los movimientos sociales y a los partidos políticos con ganas de participación, representación y sobre todo de una política transformadora, casi inexistente en los últimos treinta años en nuestros espacios públicos. Es decir, a los que han preferido una política liberal a una constituyente.

Todos estos actores, hay que subrayarlo, tienen el apoyo mediático de un conjunto de periodistas, ellos sí confesos liberales desde siempre, que no pierden oportunidad ¡ni tontos que fueran! para promover sus puntos de vista y demoler a todo aquel que ose señalar un curso distinto de cambio. El caso es que esa forma gatopardiana de hacer política ya se ha ensayado en este país, siempre con resultados desastrosos.

¿A qué se opone esta política liberal? Sin lugar a dudas a un proceso constituyente. Por la sencilla razón que este propone una ruptura democrática con el actual régimen neoliberal en crisis. El proceso constituyente es un camino distinto al liberal para la salida a la actual crisis de régimen. Una salida no de refacción del actual régimen sino más bien de reforma de fondo, en la que se entrega la última palabra al pueblo soberano. Un proceso como el planteado no es un consenso anterior a cualquier actividad constituyente, sino un pacto social y político que se da como producto de este proceso. 

Los izquierdistas que apuestan por la política liberal tienen la ilusión de ser aceptados por el consenso que forjan los liberales criollos, de ser por lo menos la cara social del mismo. Es decir, quieren ser aliados o a lo sumo adversarios de la cara “buena” del modelo. Confunden, sin embargo, el momento de la crisis de régimen en que nos encontramos. Hoy la derecha, sin distingos de bondad, solo quiere someter o destruir a la izquierda, como ya han demostrado en los albores de esta campaña electoral con su actitud de proscribir todo cuestionamiento a las bases del modelo.  Esto significa tratarnos como enemigos. Nos corresponde entonces levantar una alternativa propia para reconstruir el espacio democrático como un nuevo espacio republicano, en el que podamos nuevamente tener aliados y adversarios y no principalmente enemigos como ahora.

Por otra parte, desechar la política liberal y optar por una política constituyente no significa abandonar las indispensables alianzas con sectores diferentes que por diversas razones se oponen al neoliberalismo. Por el contrario, hay que asumir el reto de liderar a todos los sectores en la búsqueda de una alternativa distinta en pos de una mayoría nacional. Esto es vital, porque sólo una mayoría de este tipo podrá ser la base para el logro efectivo de una república democrática.

Ahora bien, volver al partidor luego de que hace mes y medio la derecha mediática junto con el fuego amigo impidieran el lanzamiento de un proceso constituyente es ciertamente difícil pero no imposible. Depende de que los liderazgos nacionales y regionales salgan al frente enarbolando la propuesta constituyente. Nada menos espera nuestro pueblo y nada menos debemos darle. Desde la otra orilla, volverán a salir a demoler y debemos responderles con nuestras banderas constituyentes. En este momento no vale ausentarse ni menos esconderse, el 2020 se empieza a jugar el 2021

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