Política energética: Bolivia nos gana 10 a 0

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Por: 

Humberto Campodónico

En el encuentro de ministros de energía, Bolivia planteó 3 iniciativas: exportar GLP y úrea (fertilizante) a Puno; exportarnos gas para consumo domiciliario; construir en Ilo instalaciones para almacenar sus importaciones de gasolina y diésel (son deficitarios en estos productos) y un ducto para transportarlas a Bolivia.

En mayo Bolivia planteó exportar gas construyendo una planta de licuefacción en Ilo, similar a la de Perú LNG. Bolivia necesita diversificar sus mercados, pues sus principales clientes, Brasil y Argentina, dentro de poco serán autosuficientes y se reducirán drásticamente las exportaciones de gas boliviano: US$ 2,734 millones en el 2017. 

Esto es muy importante para Bolivia, ya que el Presidente de Brasil, de derechas, Jair Bolsonaro tiene una política anti boliviana por razones ideológicas. Así, en los primeros días de su gobierno ya acordó un nuevo trazo para el ferrocarril interoceánico, que ahora irá de Brasil a Argentina y saldrá al Pacífico por el norte de Chile. Anteriormente, la ruta era Brasil-Bolivia-Perú. ¿Ha dicho algo sobre este cambio nuestra Cancillería? Cero, mutis por el foro.

El crecimiento energético de Bolivia, así como la industrialización del gas, no es casualidad. A partir del 2006, todo el gas es entregado a Yacimientos Petrolíferos Bolivianos (YPFB, resucitada por el gobierno de Morales), que tiene el 100% de la comercialización interna y externa. En el 2008 renegoció los contratos con Brasil y Argentina, obteniendo precios que triplican a “los nuestros”. 

¿Por qué? Porque indexó el gas al petróleo, el combustible sustituto, práctica internacional común. Eso no sucedió acá porque fue una empresa privada, Repsol (sin intervención del Estado), la que negoció el contrato a México en el 2007 al precio del mercado de EEUU, sin indexación alguna. Cuando ese precio se desplomó por la entrada del “shale gas”, el perjuicio fue, y sigue siendo, enorme.

YPFB industrializó el gas e invirtió US$ 900 millones en la planta de úrea de Bulo Bulo, construida por Samsung, que produce 700,000 toneladas anuales, mucho más barata que la importada. YPFB ya le vende a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Ahora viene a Perú, como parte de una estrategia, ya no solo de comercialización sino de inversiones en terceros países, lo que forma parte de una estrategia de internacionalización de YPFB, que también contempla ingresar a Paraguay.

YPFB ha masificado el gas, que llega a La Paz, Oruro, Sucre, Cochabamba, Potosí, El Alto, Santa Cruz, Chuquisaca y muchas ciudades pequeñas (Patacamaya, Viacha Quillacoyo). Ha invertido US$ 800 millones en 10 años y hay 900,000 hogares conectados, 4.5 millones de 11 millones de personas. Aquí solo hay 700,000 hogares conectados (3.5 millones de 32 millones); el 90% se consume en Lima. 

Los “planes” para masificar el gas en la sierra central desde Ayacucho datan del 2005. Pero hasta ahora nada. ¿Por qué? Porque “no son rentables ya que hay poco consumo”. En Bolivia, Colombia y Argentina son una inversión social y hay subsidios (como los “cruzados”). El gas domiciliario no es un commodity, como dicen los neoliberales.

YPFB quiere participar en la enésima licitación de Proinversión de 7 regiones de la sierra. No usaría el gas de Camisea sino su propio gas, desde Desaguadero (mientras menos gas peruano se use, mejor, piensan los que exportan nuestro gas a precio vil). Y tienen experiencia en masificar los Andes, como hemos visto. 

YPFB también vendería GLP en Puno. El balón (garrafa) de 10 Kg cuesta 22.5 bolivianos, al cambio, 11 soles. Aquí cuesta de 37 a 40 soles. Ojo, Bolivia subsidia su consumo con 130 millones de bolivianos anuales (US$ 19 millones), pero nos venderían a precio internacional (habría ahorro en el transporte). 

¿Y los planes del Perú? ¿Tenemos un Plan Energético de Mediano Plazo, de carácter vinculante, para planear nuestra matriz energética a 30 años a partir de nuestras reservas y la promoción de energías renovables (solar, eólica, biomasa) para luchar contra el cambio climático? No. 

¿Tenemos un Plan Nacional de Masificación de gas para los hogares? No. Lo que hay es una “masificación a puchos”, sin dirección central alguna. ¿El Gasoducto Sur Peruano, clave para la masificación y la diversificación productiva, a través de la petroquímica, se ha vuelto a licitar? 

No. Peor aún, el MINEM le ha encargado a una consultora (Mott Macdonald) que “nos diga” cuál sería el nuevo trazo del GSP, cuando hay por lo menos 5 leyes, desde el 2007, que priorizan la ruta de la sierra. Entre ellas tenemos la Ley 29129 del 2007, “Ley que declara de necesidad e interés público la construcción del gasoducto Camisea-Santa Ana-Cusco, así como el gasoducto hacia las regiones de Puno, Huancavelica, Arequipa, Moquegua y Tacna”. Más adelante tenemos la Ley 29817 del 2011 y la Ley 29970 del 2012, “Ley que afianza la seguridad energética y promueve el desarrollo de polo petroquímico en el sur del país”.

Queda claro que para aprobar un “nuevo trazo” se necesitaría una ley que derogue las anteriores. Pues bien, a eso apuntan los “lobbies” que se oponen a los pueblos del sur pues se dice que una de las alternativas sería llevar el gas desde la planta de Peru LNG en Cañete por vía marítima hasta Ilo. O sea, “más negocios” para Peru LNG, que es la empresa que produce el gas que se exporta a México a precio vil. Eso no se puede permitir.

Aquí el fondo del asunto es que las conversaciones con el gobierno de Bolivia sobre temas energéticos no deben ser consideradas como “excluyentes” a la nueva licitación para volver a poner en marcha el GSP. Los dos proyectos son concurrentes, más aún si consideramos que el gobierno de Bolivia planea construir un gasoducto de Desaguadero a Ilo para construir una planta de LNG que le permita diversificar mercados, como vimos al inicio. 

La ley energética de mediano plazo y el Plan de Masificación vienen antes, repetimos, antes, de la “nueva” Ley de Hidrocarburos que ahora se dice que es “la solución”. No. Esa ley la impulsan otros “lobbies”, los de los actuales propietarios de los lotes que quieren rebajarse las regalías. Ley de mediano plazo, ya.

En síntesis, los gobiernos regionales del sur “miran” a Bolivia porque nos gana 10 a 0 en política energética. Aquí no tenemos, repetimos, no tenemos política energética. Aquí se hace lo que le conviene a los poderes fácticos, que gobiernan tras bambalinas para que la energía siga siendo un commodity, para que no haya plan de largo plazo, para que no haya ni masificación ni GSP, para seguir exportando a precio vil, para que Petroperú no siga el camino de YPFB, para que nada cambie y todo siga igual. ¿Hasta cuándo, Ingeniero Presidente Martín Vizcarra?

Nota: Este artículo es una versión ampliada de aquel que fuera publicado en el diario La República el 16 de enero pasado.

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