No hay trabajo, señor gobierno

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Por: 

Oscar Dancourt

Si miramos el mercado de trabajo actual con los ojos de las estadísticas oficiales surgen dos imágenes antagónicas. La pesimista proviene del Ministerio de Trabajo (MTPE) y la optimista del Banco Central (BCRP) y el Ministerio de Economía (MEF). Los datos del Ministerio de Trabajo indican que la economía del Perú urbano está paralizada y destruye empleos formales o modernos, desde mediados de 2017, como si estuviéramos en una recesión, en una época de vacas flacas. Por el contrario, los datos de la dupla BCRP-MEF corresponden a un universo paralelo donde la economía peruana crea empleos formales con mucho vigor desde 2015, como si estuviéramos en un auge, en una época de vacas gordas.

Como se puede ver en el Grafico 1, el crecimiento del empleo formal urbano (empresas con 10 y mas trabajadores) del MTPE ha estado estrechamente asociado con el crecimiento de la actividad económica urbana (medida por el PBI no primario que calcula el BCRP) durante todo el periodo 2004-2018. En los auges (2005-2008), el empleo moderno puede crecer por encima del 8% anual, mientras que en las recesiones (2008-2009), el empleo moderno se estanca o decrece abiertamente. Estas cifras, que el MTPE registra desde 1997, demarcan tres recesiones o fases de destrucción del empleo urbano moderno: 1998-02, 2008-09 y 2017-18. Si el PBI no primario se expande al 10% anual, entonces el empleo urbano moderno crece en promedio al 6% anual durante el periodo 2004-18. 

Esta fuerte asociación entre empleo formal urbano y PBI no primario se ha debilitado curiosamente durante 2018, como puede apreciarse en el Grafico 1, ya que el PBI no primario retoma una expansión cercana al 4% anual pero el empleo moderno cae o se estanca. ¿Dónde está el problema? ¿En las cifras de empleo moderno o en las de PBI? ¿Estamos en una recesión o en un auge? Mi confianza la tienen los datos de empleo del MTPE. Por ejemplo, el termómetro principal de la actividad económica en Estados Unidos no es el PBI mensual, allá solo se calcula el PBI trimestral, sino la cifra de cuantos empleos mensuales crea, o destruye, la economía urbana, obtenida de encuestas a las empresas.  

En el Grafico 2, extraído de la presentación del último Reporte de Inflación del BCRP, se muestra el boyante crecimiento del empleo formal en la economía peruana, a un ritmo promedio superior al 4% anual durante 2018; la fuente de estas cifras es la SUNAT. Esta es la imagen del mercado de trabajo que propagandiza la dupla BCRP-MEF. La economía camina muy bien. Por tanto, esta dupla debiera seguir al timón (aunque sea a control remoto como en el caso de Climper). Sin embargo, la historia y la metodología de estas cifras son un misterio. Aparentemente, estas cifras no existen antes de 2015, lo que impide saber si reflejan fielmente la historia reciente de auges y recesiones de la economía peruana. Y solo se utilizan en el Reporte de Inflación desde que Vizcarra ascendió al poder. 

Para Lima, donde se genera el grueso del empleo moderno o formal del Perú urbano, podemos comparar los datos del MTPE, originados en una encuesta a empresas, con los datos del INEI, provenientes de una encuesta a hogares. Poniendo por delante la conclusión, los datos del INEI son consistentes con los del MTPE pero no con los utilizados por la dupla BCRP-MEF.

De acuerdo al INEI, el empleo en las empresas de 11 y más trabajadores de Lima Metropolitana, que representa alrededor de un 40% de la población ocupada limeña, se contrajo un 3.4% durante el trimestre móvil noviembre 2018-enero 2019, comparado con el mismo periodo del año anterior,. Esta caída del empleo formal limeño también se registra en los 3 trimestres móviles previos. De acuerdo al MTPE, el empleo limeño en las empresas de 10 y más trabajadores se contrajo ininterrumpidamente desde mayo de 2017 hasta setiembre de 2018, comparando con el mismo mes del año anterior; y creció apenas (menos de 1%) en octubre y noviembre del 2018.

¿Cómo percibe la gente la situación del mercado de trabajo? El índice de confianza del consumidor limeño elaborado por Apoyo Consultoría incluye un componente referido a la mayor o menor dificultad que las familias tienen para encontrar empleo. Si el índice está por encima de 50, las familias están optimistas y creen que es fácil encontrar trabajo; y viceversa, si el índice está por debajo de 50, las familias están pesimistas y creen que es difícil encontrar trabajo. Durante 2017-18, este índice estuvo siempre en terreno pesimista para los estratos de bajos ingresos (NSE CDE). Y, a fines del 2018, descendió al nivel más bajo de los últimos 7 u 8 años, como se puede ver en el Grafico 3, extraído de la versión digital de El Comercio. 

II
¿Qué hace un trabajador despedido del sector moderno? O busca otro puesto de trabajo asalariado, o trata de vender algo en la esquina de un semáforo y se integra así al sector informal, o se retira desalentado de la fuerza laboral al no encontrar trabajo (cuando lo entrevistan para la Encuesta Permanente de Empleo del INEI responde que no busca trabajo porque no hay, cosa que es verdad, aunque está dispuesto a trabajar). En consecuencia, si se destruyen empleos modernos, como ocurre desde hace un año y medio en Lima Metropolitana, entonces debería aumentar el número de trabajadores desempleados (que buscan activamente trabajo); o debería aumentar el número de los trabajadores independientes o por cuenta propia, como los vendedores ambulantes; o, si aumenta el número de trabajadores desalentados, debería reducirse la fuerza laboral (la suma de los que trabajan y los que buscan trabajo). 

Los trabajadores desempleados en Lima se han reducido en 10% durante el trimestre móvil noviembre 2018-enero 2019 comparado con el mismo periodo del año anterior, según el INEI. Y la tasa de desempleo (los desempleados como porcentaje de la fuerza laboral) ha caído desde 7.3% hasta 6.5% en el mismo periodo. Si hubiera un seguro de desempleo aquí, como existe desde hace un siglo en el capitalismo civilizado, la tasa de desempleo se elevaría, en vez de reducirse, durante las recesiones o épocas de vacas flacas. 

Sin embargo, los trabajadores desempleados parcialmente o subempleados por horas, es decir, aquellos que laboran menos de 35 horas a la semana pero desean trabajar más horas, si se han incrementado en 14% durante el trimestre móvil noviembre 2018-enero 2019, comparado con el mismo periodo del año anterior. La  mitad son asalariados y la otra mitad son independientes. Estos trabajadores subempleados por horas representaron un 13% de la fuerza laboral limeña durante noviembre 2018-enero 2019, según el INEI. De cada 4 subempleados por horas, 3 laboran en empresas de 10 o menos trabajadores. Sumando desempleados y subempleados por horas, dos modos de subutilización de la mano de obra, tenemos que al 20% de la fuerza laboral de Lima Metropolitana le falta trabajo, es decir, a uno de cada 5 trabajadores. Para un millón y pico de personas en Lima Metropolitana, no había ningún trabajo o no había suficiente trabajo a fines del año pasado y principios de este.

En la economía limeña, los trabajadores independientes han aumentado en 9.5% mientras los trabajadores asalariados han disminuido en 2.3%, durante el trimestre móvil noviembre 2018-enero 2019 comparado con el mismo periodo del año anterior. Mientras se destruyen empleos en el sector moderno de la economía urbana, la ocupación aumenta en el sector informal o tradicional de la economía urbana, según el INEI. Cualquier persona que ofrece limpiar parabrisas en un semáforo y gana unos cuantos soles, es categorizado como un trabajador ocupado por la encuesta del INEI. Una fracción importante de la ocupación informal es, en realidad, desempleo disfrazado. En las empresas con 10 o menos trabajadores, donde predominan las “empresas” que solo cuentan con 1 trabajador, la ocupación se ha incrementado en 5% durante este periodo, según el INEI. Y el 18% de los trabajadores de este sector informal esta subempleado por horas.  

Finalmente, la fuerza laboral limeña no se ha reducido sino que ha aumentado durante este mismo periodo. El hecho decisivo aquí es el ingreso al país de 650 mil inmigrantes venezolanos en los últimos dos años. El destino final del 85% de estos inmigrantes ha sido Lima, que tenía una fuerza laboral de 5.2 millones de personas. Si todos los inmigrantes que se afincaron en Lima hubieran ingresado al mercado de trabajo, la fuerza laboral limeña debería haber aumentado un 10%, entre noviembre 2016-enero 2017 y noviembre 2018-enero 2019. O debería haber aumentado en un 5%, si solo hubieran ingresado al mercado de trabajo la mitad de estos inmigrantes. Sin embargo, la fuerza laboral limeña aumento apenas un 1.3% durante este periodo; cifra inferior al crecimiento promedio anual de los 4 años previos. Así, que  vemos a los trabajadores venezolanos en las calles pero no en las encuestas.    
Este notable incremento de la fuerza laboral limeña, entre un 5% y un 10%, que coincide justo con una reducción prolongada del empleo en el sector moderno de la economía urbana, ¿no ha dejado ninguna huella en el mercado de trabajo limeño? Cualquier libro de texto de macroeconomía convencional, como el Blanchard, diría que los salarios en soles (y los ingresos de los trabajadores independientes) deben bajar si la fuerza laboral aumenta y los puestos de trabajo modernos disminuyen.   

Para la fuerza laboral limeña en su conjunto, el ingreso mensual promedio proveniente del trabajo ha caído 1.7% entre noviembre 2017-enero 2018 y noviembre 2018-enero 2019, según el INEI. Por niveles de educación, el ingreso mensual promedio por trabajo ha caído para los que tienen educación primaria (-3%), educación superior (-3%), educación secundaria (-1.2%) y técnica no universitaria (-0.5%), durante este mismo periodo. Por ramas de actividad, el ingreso mensual promedio por trabajo ha caído en manufactura (-7%), comercio (-1.3%) y servicios (-2.6%), excepto en construcción donde ha aumentado (1.4%). 

Esto parece consistente con el hecho de que el 45% de los inmigrantes venezolanos gane menos del salario mínimo, según la Dirección de Migraciones. Son los efectos de la competencia exacerbada en el mercado de trabajo. No existen cifras, sin embargo, de la magnitud del reemplazo de trabajadores peruanos por trabajadores venezolanos, aunque la experiencia cotidiana muestra que es un fenómeno relevante. 

III
En resumen, no hay trabajo desde hace un par de años y los salarios caen como pocas veces hemos visto. Hay un enorme exceso de oferta en el mercado de trabajo urbano. Pero, la dupla BCR-MEF habita en un universo paralelo y se niega a usar la política monetaria (más crédito, abundante y barato) y la política fiscal (más inversión pública) para reactivar la economía urbana y crear así suficientes empleos modernos o formales. Ni Vizcarra ni Villanueva saben que las políticas monetaria y fiscal son el único instrumento que su gobierno posee para generar estos empleos. Peor aún, el gobierno de Vizcarra ha decidido apostar todo su capital político, ganado en la lucha anticorrupción, a la magia inútil de otra ronda de reformas estructurales neoliberales, envueltas esta vez en el manto de la competitividad, para revivir la economía urbana y la generación de empleo decente. Y, para colmo de males, en el centro de esta política suicida han colocado a la reforma laboral, como si el efecto conjunto de la recesión y los inmigrantes venezolanos, no hubiese flexibilizado ya el mercado de trabajo hasta su tuétano. 

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