Libre inmigración y empleo. O como desvestir a un santo para vestir a otro

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Por: 

Oscar Dancourt

Un millón de inmigrantes venezolanos representa un 7% de la fuerza laboral del Perú urbano (Lima y otras ciudades) que alcanza los 13.5 millones de trabajadores. Ya ingresaron 400 mil inmigrantes, hay otros 100 mil esperando que les concedan la calidad de refugiados, y llegaremos fácilmente al millón en diciembre o en el verano próximo si siguen ingresando al ritmo actual.

Es tan grande la brecha salarial en dólares entre Venezuela y Perú, (a tipo de cambio libre, el salario mínimo mensual allá es de 25 dólares y aquí es de 290 dólares), que la inmigración venezolana hacia aquí seguirá siendo enorme mientras la hiperinflación continúe allá, o los otros posibles destinos (Colombia, Ecuador, Chile, USA o Europa) no instauren la libre inmigración que rige aquí, o el Estado peruano ponga un límite cuantitativo a la inmigración, como hacen todos los países desarrollados desde hace décadas.

Los defensores, dentro y fuera del gobierno, de la política de libre inmigración (ni límite cuantitativo ni pasaporte) nunca estiman cuantos millones de venezolanos podrían entrar al Perú con esta política, hasta diciembre de 2019 digamos, si las circunstancias actuales perduran hasta esa fecha. No les interesa que el Perú sea una economía con un exceso crónico de mano de obra (por eso, tenemos tantos compatriotas que se ganan la vida en el extranjero desde los años 80) en contraste con las economías desarrolladas, donde la regla general es la escasez de mano de obra, y que, aun así, limitan el número de inmigrantes que reciben. 

Los defensores de la política de libre inmigración creen con fe ciega que todos los venezolanos vienen con su puesto de trabajo bajo el brazo y que, por tanto, no necesitan quitárselo a ningún peruano. Si ingresan al país 2 millones de inmigrantes buscando trabajo, el libre mercado milagroso se encargara de crear justo otros 2 millones de nuevos empleos en la economía peruana. A ningún nativo le quitaran su trabajo o le rebajaran su salario por la competencia de los inmigrantes.

En realidad, es imposible que el aparato productivo moderno (empresas con 10 o más trabajadores) del Perú urbano genere empleos en el corto plazo para medio millón o mas de trabajadores extras, sean estos venezolanos o peruanos (si es que los compatriotas en el extranjero decidieran retornar). 

De los 13.5 millones de trabajadores que conforman la fuerza laboral urbana, unos 7 millones y pico son asalariados y 4.5 millones son trabajadores independientes. A ojo de buen cubero, los ocupados en el sector moderno urbano son unos 5 millones de trabajadores. Para generar medio millón de nuevos empleos, la ocupación en este sector moderno debería crecer al 10% anual. En las últimas dos décadas, el máximo crecimiento anual registrado por este empleo moderno o formal fue de 8% y pico en los años 2007-08, cuando la economía del Perú urbano, medida por el PBI no primario, crecía por encima del 9% anual. 

Durante los últimos 3 años (2015-17), la economía del Perú urbano ha estado paralizada; el PBI no primario ha crecido por debajo del 3% anual. Y el empleo urbano privado en empresas de 10 y más trabajadores han disminuido sistemáticamente en el último año, desde julio de 2017 hasta junio de 2018. 

Aunque el salario promedio del Perú urbano se reduzca en 25% por la excesiva competencia en el mercado de trabajo o, en la jerga neoliberal, por la mayor flexibilidad en el mercado de trabajo que impone la inmigración masiva, será imposible crear en el corto plazo suficientes empleos en el aparato productivo urbano para medio millón, y mucho menos para un millón, de inmigrantes venezolanos. Sin contar con el crecimiento natural de la fuerza laboral urbana que suma unos 300 mil peruanos por año.

Los inmigrantes compiten con los nativos por los escasos puestos de trabajo modernos existentes, que no aumentan sino que disminuyen, aceptando menores salarios y peores condiciones de trabajo. No tienen otra opción. Y a las empresas les conviene reemplazar mano de obra barata por otra mucho más barata todavía para aumentar sus ganancias. Y por cada inmigrante que gana un puesto de trabajo hay un nativo que lo pierde.

Los inmigrantes que no consiguen un empleo asalariado en el sector moderno (empresas con 10 y más trabajadores), se enrolan como trabajadores independientes, en las micro empresas o se hunden en el desempleo. Del total de inmigrantes venezolanos que se encuentran en Lima Metropolitana, un 28% está desempleado, un 20% se desempeña como trabajador independiente, y el 50% restante es trabajador dependiente, según la OIM. Esta enorme abundancia de mano de obra no solo rebaja los salarios de los trabajadores dependientes sino también los ingresos de los trabajadores independientes; pues mientras mayor sea el número de ambulantes vendiendo en la misma esquina del semáforo, menores serán las ventas y el ingreso para cada uno de ellos. 

¿Qué factores gobiernan la mayor o menor creación de puestos de trabajo en el sector moderno de la economía urbana? Las empresas de la economía urbana requieren más mano de obra cuando producen más, y solo producen más cuando pueden vender más. Las ventas totales del aparato productivo moderno del Perú urbano aumentan si suben los precios de los metales (cobre, oro) que exportamos, si el gobierno eleva su déficit fiscal para que la inversión pública crezca apreciablemente (un punto del PBI, por lo menos), o si el banco central rebaja su tasa de interés y hace menos caros y más abundantes los préstamos bancarios a empresas y familias. Estos son tres factores cruciales que gobiernan la generación de puestos de trabajo modernos: los precios mundiales de las materias primas de exportación, que no controlamos, y las políticas fiscal y monetaria, que si controlamos como sociedad, por lo menos en teoría.  

¿Qué ocurre ahora? Los precios de los metales que exportamos siguen cayendo en el mercado mundial. El gobierno sigue reduciendo su déficit fiscal, la cosa más importante para el Ministro de Economía. Y el banco central no rebaja su tasa de interés e indica que no lo hará. Es decir, no existe esperanza alguna en el corto plazo de una creación suficiente de puestos de trabajo en el Perú urbano. Esto condena a la pobreza masiva al enorme excedente de mano de obra urbana (peruanos y venezolanos) que se está creando con la política de libre inmigración. Economía recesada más inmigración masiva constituyen una receta perfecta para el desastre social y político. 

Si queremos impedir este escenario catastrófico, la conclusión de política es inescapable: hay que ponerle un tope a la inmigración venezolana (medio millón de personas) y hay que aplicar unas políticas monetaria y fiscal muy expansivas.

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