La Cumbre proteccionista

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Por: 

Gonzalo García Núñez

El presidente Donald Trump anuncia su presencia en la Cumbre de las Américas. Vendrá  a Lima  revestido  con una  malla proteccionista.  Ha declarado el inicio de  una guerra comercial internacional, cuyas primeras medidas aduaneras son la  elevación de los aranceles industriales  de 25% al acero y de 10% al aluminio. 

¿Cuál es el objetivo inmediato?  Parar la competencia de las importaciones de China, Corea y Japón. No hace mucho, a guisa de ilustración,  le subió los aranceles a la importación de llantas radiales de China. Muy baratas. 

Ya  los europeos sienten pasos y la Unión Europea prepara medidas defensivas al neo proteccionismo gringo, siendo que en este momento  es difícil coordinar  por estar sumidos en las negociaciones de la salida de Inglaterra, luego del Brexit      
La administración Trump emite fuertes señales de una vieja estrategia imperial  norteamericana. Declara, urbi et orbi, que la política estadounidense también comprende medidas para-arancelarias, financieras, laborales  y  administrativas. Y sanción y retaliación a quien se le oponga. Por lo pronto ha licenciado a sus colaboradores e impuesto un nuevo equipo y estilo duro que ahora dirige Mike Pompeo, ex de la CIA, en lugar de Rex Tillerson, el petrolero. 

La más robusta de sus medidas es  subir y alargar el muro  contra  México y  cerrar el ingreso a la gente que busca pasar por la frontera mutua. 

Y, en general, el encarecimiento de  los productos competitivos, incluyendo los provenientes de América Latina  a través de  medidas unilaterales. 

Para mostrar eso se desplazó a la ciudad de San Diego y se fotografío al pie de la alambrada. O también por eso  pronuncio el discurso que convirtió en  papel mojado al Tratado Comercial Transpacífico,  que con tanto cuidado quiso edificar la gente de Obama. De un solo grito, Trump se sale de ese acuerdo multilateral que ahora gobierna… China.

Pero cuidado. El proteccionismo no es solo una compleja trama de casamatas hechas de intereses comerciales. Ni es la aplicación del “Buy American Act” (“compre americano”) que viene de los treinta (Hoover). Si no de nuevas políticas que contienen cláusulas de obligación de usar bienes con contenido local, fabricas gringas. 

Por ejemplo, la industria aeronáutica, los trenes, las industrias tecnológicas globalizadas que quieran operar en los EEUU deberán incorporar ítems, mano de obra y técnicas avanzadas de los valles empobrecidos del interior de los Estados norteamericanos y en especial, allí donde falta trabajo. 

La idea no es mala  a priori pero es un esquema proteccionista que deja sin juego a los repetidores teóricos de las ventajas comparativas de David Ricardo y seguidores de los Principles. 

Otro pare a la globalización es la protección de las industrias de capitales nacionales, caso del “Lattice semiconductores”. El procedimiento funciona así: Un análisis fino es realizado por una comisión técnica especializada que determina la conveniencia o no de vender fábricas nacionales (A China) sobretodo las que tienen alto contenido científico o técnico. Si dicen que sí, entonces regulan el quantum de la participación en el capital. Si no, es nones.

Un tercer bloque de medidas es la extensión de las sanciones a reglas nacionales a espacios extraterritoriales. Dicho de manera clásica, la ley del más fuerte es siempre la mejor, reza la fábula, esta vez internacionalizada   
La táctica Trump podría recordar la ley Haylew-Smoot de los años treinta, espoleta de la crisis mundial.   

Claro que ahora están instituciones como la OMC a la que se ha incorporado China, hay instancias como las del  G20 que armonizan posiciones entre los grandes líderes mundiales,  siempre hay el diligente FMI o las instituciones de Breton Woods, incluyendo la OCDE. 

Pero todo ello no inhibe el renacimiento del unilateralismo imperial que parece hacer gala el invitado de PPK a la cumbre. 

Lo que sigue siendo una pregunta irresuelta, usando las controversiales ideas de Trump, es porque un país de América Latina como el Perú no ha recibido más aflujo de capital real- léase inversiones en fabrica como afirma en sus discursos-  si tiene el menor salario mínimo de la región, una población desempleada y educada, una buena oferta de brazos. 

Además tiene  un tipo de cambio estable y amable, un costo energético decreciente, aunque claro el petróleo de Venezuela cuesta ahora 60 y no 40 dólares por barril,  aranceles imperceptibles gracias a una apertura criollaza, al riesgo de impulsar una crisis del desfinanciamiento corriente del Estado? 

Si comparamos la tasa de interés de referencia del mercado monetario, el Perú es  el más estable de la región, incluyendo los EEUU y si además las inversiones extranjeras están recubiertas de una manta de privilegios, cabe interrogarse entonces que nos hizo falta para alcanzar el nivel del producto potencial que tiene nuestra economía y conseguir un crecimiento diversificado y sostenido con trabajo, empleo decente, salarios remunerativos, buena educación, salud y viviendas para todos.  

 

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