El mito del candidato independiente

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La semana pasada, en la portada de El Comercio (18/09/2009) se leía: “Piden candidato independiente y que dé confianza”. Esta portada hacía referencia a la última encuesta nacional urbana de IPSOS-APOYO sobre la credibilidad que tienen los personajes políticos en la actualidad y la intención de voto. Si bien, por un lado las figuras de Keiko Fujimori, Luis Castañeda Lossio, Ollanta Humala, Lourdes Flores y Alejandro Toledo presentan un porcentaje significativo en la intención de voto, la ciudadanía prefiere ver a un candidato nuevo. Pero, ¿a qué refiere el rótulo de “candidato independiente” y por qué es visto como algo positivo?
 
Para comenzar, recordemos que la categoría de independiente, también conocida como outsider, surge a fines de la década de 1980 como respuesta a la crisis de los partidos. Los partidos políticos habían dejado de representar y congregar los intereses de la población, razón por la cual se les empezó a  ver como espacios que respondían a intereses particulares. De esta manera, la desconfianza se gestó y así fue como ser “candidato independiente” se volvió una cualidad positiva.
 
Pero, ¿quién es el candidato independiente?
El independiente es un personaje conocido públicamente en cualquier terreno que no sea el político. De esta manera, se trata de un individuo que goza de buena reputación en espacios públicos alternos al político. Esto ocurrió con Alberto Fujimori, quien era un docente universitario y conducía un programa de televisión. Él fue el segundo “candidato independiente” en tener éxito, pues el primero fue Ricardo Belmont, animador de TV, quien asumió la alcaldía de Lima en el año 1989.
 
Durante el gobierno de Alberto Fujimori esta decadencia de los partidos fue utilizada contra sí mismos por el presidente de turno, usando desde el ataque discursivo hasta la represión abierta. Además, este es el momento en que se consagra la hegemonía neoliberal. Es de esta manera y en este contexto autoritario que el personaje “independiente” termina de definirse y se vuelve, poco a poco, el tipo de candidato con mayor aceptación.
 
En el caso peruano, el candidato independiente es el resultado de un molde fujimorista que buscó aprovechar el desprestigio de los partidos políticos a fin de reforzar la idea de que mientras menos político sea el candidato, mejor. Pero ello no quiere decir que el independiente no opere políticamente en todo sentido. Buscará reemplazar el debate por la fiesta, pero seguirá tomando decisiones de gobierno, quizá ya no públicamente, pero sí debajo de la mesa o detrás de la puerta.
 
En el imaginario popular peruano se concibe al candidato independiente no solo como aquel que se encuentra menos involucrado en la política (entendiendo por involucrado, “corrompido”), sino que además acepta las nuevas reglas del sistema impuesto por el fujimorismo. La pregunta es ¿nos conviene realmente un candidato de este tipo que mantenga el molde fujimorista? No olvidemos que el sistema democrático se basa en el desarrollo de un sistema de partidos representativo de los intereses ciudadanos.
 
El empeño debe estar entonces en promover a los partidos, nuevos o renovados, para que hagan una mejor política al servicio de los peruanos y no del suyo propio.

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